Comenzaron una pelea en el baño, termino en placer para la joven Lorena y en dolor para Pedro quien se desmayó por no soportarlo

Resumen de la primera parte: Pedro es un chico de 24 años que convive con Lorena de 18 años y Carmen, de 23 años y estudiante de medicina. Las dos son chicas preciosas, Carmen la típica rubia con cuerpo de modelo, mientras que Lorena es más baja, de pelo castaño, piel bronceada y ojos verdes, con unas piernas anchas y fortalecidas gracias a la práctica del krav-maga.

La convivencia comienza a torcerse entre Pedro y Lorena, hasta que tienen una pelea que termina con el chico en el suelo por un tremendo rodillazo en los testículos. Cuando llega Carmen, como futura doctora, lo atiende, pero mientras tanto Lorena no deja de burlarse. Pedro, en un arrebato de ira le aprieta una teta, pero ella se las arregla para hacerse con sus maltrechos testículos y terminar mandándolo al hospital totalmente destrozado.

Cuando vuelve al piso, Carmen, que siente pena por él, se encarga de sus curas. Mientras le unta una pomada en los testículos Pedro se corre por el placentero masaje.

Parte 2:

Tras el traumático suceso, la relación entre Pedro y Lorena no mejoró. Ella recordaba una y otra vez lo sucedido y hacía comentarios sobre lo fácil que fue vencerle. Esto a Pedro no le hacía ninguna gracia y estaba deseando vengarse como es debido de esa víbora, pero con los testículos todavía dañados no era la mejor idea volver a pelearse con ella.

Esta era su excusa para no hacer nada, aunque en el fondo no actuaba por miedo a Lorena. Como hombre, reconocer que no es rival para una chica era algo insoportable, más aún tratándose de una chica seis años menor y mucho más baja que él. Y todo por lo que le cuelga entre las piernas, aquello que le da la fuerza y que lo hace hombre.

Lorena lo sabía, veía el miedo en sus ojos, por lo que sus burlas y provocaciones eran cada vez más abundantes. Pedro estuvo a punto de entrar al trapo en más de una ocasión, pero su sentido común no le dejaba.

Por fin, un día tuvo una idea para acabar con las mofas de Lorena sin tener que enfrentarse a ella.

– Voy a grabar a esta puta mientras se ducha y la amenazaré con subirlo a todos lados si sigue con sus gilipolleces feministas. Y además tendré un vídeo con el que disfrutar, porque la cabrona todo lo que tiene de mala lo tiene de bonita. – pensaba Pedro maquinando el plan.

Ese mismo día lo puso en práctica. Entro en el baño con sigilo mientras Lorena se mojaba el pelo, por lo que esta no pudo oírlo. Introdujo su teléfono por uno de los laterales de la cortina del baño y empezó a grabar. Por supuesto se aseguró de que Lorena estaba de espaldas.

Pedro veía a través de la pantalla su bonito culo mientras la chica se enjabonaba. Su polla se puso dura cuando Lorena se inclinó para lavarse las piernas y pudo ver su coñito mojado y su trasero insinuante. La chica continuó enjabonándose todo el cuerpo hasta que, cuando lo estaba haciendo en sus tetas, se giró. En ese momento vio el móvil de Pedro apuntándole y retiró la cortina inmediatamente.

– ¿Qué estás haciendo, cabrón? – gritó la chica cubriéndose.

– Sonríe a la cámara, muñeca. Vas a tener mucho público cuando lo suba a internet. – dijo él retrocediendo unos pasos, pero sin dejar de grabar.

Lorena comprendió que ya era tarde para taparse, así que salió de la bañera dispuesta a hacerse con ese móvil. Pero al querer llegar rápido hasta el chico e ir totalmente empapada, resbaló y cayó al suelo. Se dio un fuerte golpe en la cadera y el costado, por lo que quedó dolorida en el suelo.

Pedro se encontró de repente con Lorena indefensa en el suelo, desnuda, mojada y aún llena de espuma del gel de baño. En ese momento terminó la grabación y decidió aprovechar para vengarse de Lorena. Rápidamente le dio una fuerte patada en las tetas para evitar que se levantara y cerró el cerrojo del baño para que nadie pudiera entrar.

Luego se desnudó rápidamente mientras Lorena se dolía en el suelo. Finalmente se sentó sobre el vientre de la chica, con las piernas a cada lado de su cuerpo y le sujetó las manos contra el suelo para que no pudiera defenderse. Su polla estaba dura como una piedra viendo y sintiendo el mojadito cuerpo de Lorena.

– ¿Qué vas a hacer, degenerado? ¿Quieres violarme? – preguntó ella sin querer mostrar su temor por la situación.

– Ya veremos, de momento voy a divertirme devolviéndote parte del dolor que me has hecho pasar. – respondió antes de abofetearla en la cara.

– Si te portas bien no subo el vídeo a internet, ¿De acuerdo? – continuó Pedro soltando las manos de la chica y llevándolas hasta sus húmedas tetas.

La chica sentía sus blandos testículos en su vientre, le encantaría echarles mano, pero el chico mantenía su cuerpo pegado para que no pudiera cogerlos. Así que Lorena tuvo que obedecer y dejar que Pedro tocara sus pechos cuanto quiso. Le costaba admitirlo, pero él dominaba la situación en ese momento.

Teniendo a la temida Lorena totalmente sometida, Pedro volvía a sentirse poderoso y su autoestima masculina se estaba recuperando. Así que pronto quiso ir un paso más allá e introdujo su polla entre las tetas de Lorena y las apretó sobre su falo.

– ¡Ni se te ocurra! – grito ella ignorando su amenaza de subir el video a internet y dándole un puñetazo en la cara. Hacerle una cubana es algo que no estaba dispuesta a tolerar.

Pero él giro la cara y el golpe no fue tan efectivo como ella esperaba. Aún así la chica intentó varios golpes más, pero Pedro se defendió con una mano y llevó la otra hacia atrás, hasta el coño de la chica. Fue directo a su clítoris y lo pellizcó con fuerza.

– Si no paras te haré una ablación de clítoris aquí mismo. – amenazó a la chica.

– Te vas a arrepentir de esto, te lo aseguro….

– Calla y pon las manos detrás de la cabeza. Si las mueves volveré a llevar las mías hasta tu coño.

Con la chica rendida, Pedro volvió a agarrar sus tetas y metió la polla en el medio. y empezó a mover la pelvis para sacarla y meterla una y otra vez. Lorena sentía sus huevos frotar su vientre y veía como la cabeza del pene asomaba y se escondía en su canalillo.

Pedro sentía tanto placer que al poco tiempo empezó a correrse. Sus chorros de semen fueron a parar al cuello y la cara de la chica mientras gemía en éxtasis.

A ella le dio tanto asco sentir el ardiente semen que no aguantó más y empujó al chico al mismo tiempo que levantaba su rodilla con fuerza, golpeándolo con violencia en la espalda. Él gritó y estiró la espalda adolorido. Al hacer esto, Pedro ya no estaba sentado encima ella, sino que estaba de rodillas sobre ella, pero no apoyado.

Lorena aprovechó la separación de sus cuerpos para agarrar los testículos del chico y, sin pensarlo un segundo, apretar con todas sus fuerzas. El chico sintió una enorme descarga por todo su cuerpo y un quejido ahogado salió de su boca. Miró a Lorena y luego miró su entrepierna mientras se daba cuenta del tremendo error que acababa de cometer.

Cuando reaccionó tras un par de segundos, tomó la decisión de defenderse atacando, es decir, apretó con toda la fuerza que pudo los senos y pellizco los pezones que aún tenía a su alcance. La chica volvió a gritar con un inmenso dolor, pero ni mucho menos soltó la blanda bolsa de carne que exprimía, ya que era la única forma de escapar de allí sin más daños. Todo lo contrario, el ataque aumentó su enfado. Mantuvo la enorme presión y giró bruscamente su muñeca hacia un lado. Pero tuvo que repetir la acción un par de veces para que él comprendiera que su ataque no tenía tanto éxito como el de ella.

Pedro Intentó levantarse, pero Lorena tiró con fuerza del escroto para volver a sentarlo sobre su vientre. El dolor en los testículos iba en aumento y con cada giro parecía que la preciosa chica se los extirpaba. Pero Pedro se negaba a admitir una nueva derrota contra Lorena, además sabía que rendirse no serviría de nada. Así que intentó otra cosa: con las pocas fuerzas que le quedaban empezó a golpearla en la cara, aunque esta se defendía con la mano que tenía libre mientras se aferraba a los ovalados órganos externos del chico.

– Si no paras te arrancaré los huevos.- dijo dando tirones hacia ella cada vez más fuerte.

Si el apretón y las retorcidas eran insoportables, sumarle tirones fue definitivo, Pedro notó como sus testículos estaban a punto de separarse para siempre de él, así que por fin admitió que no tenía nada que hacer y dejó de atacar. Llevó las manos hacia el brazo con el que ella lo agarraba y sujetó la muñeca para volver al plan que antes había desechado: suplicar y pedir clemencia.

– Voy a aplastarte los huevos para que no vuelvas a intentar violar a nadie. – dijo Lorena aumentando la presión.

Pedro quería explicarle que no iba a violarla, pero la fuerza que la mano de Lorena ejercía sobre sus preciadas bolas no le dejaba articular palabra. Solo podía gemir de dolor lleno de impotencia. Impotencia que también sentía por no poder agarrar sus genitales como el instinto le pedía. E impotencia permanente que padecería si la chica seguía apretando de esa forma.

Así que, con esta impotencia y con la creencia absoluta de que Lorena lo castraría, Pedro se echó a llorar renunciando a la poca dignidad que le quedaba. Pereció que ella se apiadaba de él, pues dejó de apretar, aunque no lo liberó. Pero no lo hizo por compasión, sino porque ya no aguantaba más el peso del chico sobre su estómago e hizo que se tumbara en el suelo para colocarse ella sobre él.

En principio Pedro sintió alivio porque Lorena dejara de apretar, pero pronto se dio cuenta de que el dolor seguía siendo enorme sin necesidad de apretar más, pues el daño ya estaba hecho. Ahora, con el cambio de posición, tenía una vista perfecta del culo y el sexo de la chica, ya que esta se colocó mirando a la entrepierna de él.

Lorena estaba tan segura de que Pedro no haría nada, que soltó sus testículos para ver cómo estaban. Algo que también quería hacer él, pero el bello cuerpo que tenía encima se lo impedía. Pero al menos quería palparlos para sentir como estaban, ya que, si tenía que regirse por el dolor estaría convencido de que ya se los había reventado.

Pasó las manos por cada lado de Lorena para agarrar sus partes, pero esta se lo impidió dándole un fuerte puñetazo en las pelotas y luego sujetando las manos de Pedro para que no las cogiera.

– Sé que quieres verte los huevos, pero te lo aseguro, no es una vista agradable. – advirtió Lorena.

Luego puso las manos del chico sobre sus pechos para comprobar si será capaz de atacarla. Pedro palpaba los perfectos senos y sentía los excitados pezones de Lorena, pero, incluso con sus testículos liberados, era incapaz de intentar vengarse. Sabía que con ese enorme dolor testicular atacando a Lorena solo conseguiría enfadarla aún más y eso tendría peores consecuencias si cabe para sus genitales. El que sí fue más valiente fue su pene, que con el tacto de las tetas de Lorena se irguió sin importar el daño de sus ovalados compañeros.

Lo que sí pudo hacer Pedro fue juntar y elevar las piernas intentando conseguir la clásica posición fetal. Pero ella, que no quería perder de vista los patéticos genitales masculinos, agarró el pene del chico y le clavó las uñas mientras le ordenaba que volviera a separar las piernas. Pedro no tuvo más remedio que obedecer entre lamentos, aunque pataleaba como forma de desahogarse. A Lorena le hizo gracia como se meneaban los testículos con cada movimiento de sus piernas.

– Por favor, por favor…. – logró balbucear Pedro entre sollozos.

– ¿Por favor qué?

– Déjame por favor, no me castres, haré lo que sea, lo que sea pero no me castres. – suplicaba el chico que quería seguir siendo un hombre completo.

En ningún momento Lorena había tenido la intención de hacerlo, ya que consideraba mayor castigo tener testículos que perderlos, pero aprovecharía el miedo masculino a la castración en su favor.

– Está bien, no lo haré. Pero a partir de ahora estas pelotas son mías, porque gracias a mi seguirán aquí. ¿Lo entiendes?

– Sí, si. Gracias, gracias, muchas gracias. – después de todo lo que le había hecho, Pedro estaba verdaderamente agradecido a Lorena por permitirle seguir teniendo testículos.

– Así me gusta, que seas agradecido. Pero estoy segura de que sabes agradecerlo mejor. – dijo la chica acercando su coño al rostro de Pedro, que comenzó a lamerlo mientras ella jugueteaba con sus testículos.

– A partir de ahora yo mando en ti. Te encargaras de las tareas del hogar y no volverás a llevar ropa en el piso para que pueda ver y tomar cuando quiera mis dos huevos. Que te recuerdo que ahora son míos y te aseguro que si no te portas bien te los quitaré y me los quedaré para siempre. – informó la chica soltando leves gemidos por el trabajo que Pedro hacía con su lengua.

El chico no valoraba lo que le esperaba, pero en ese momento solo le preocupaba salvar sus genitales, además estaba realmente agradecido a Lorena por lo que se empleó a fondo en complacerla, aunque los movimientos y apretones que ella le estaba dando en sus partes no se lo ponían fácil.

En unos minutos los gemidos de Lorena eran fuertes y profundos y Pedro notó como se corría en su cara. Fue uno de los orgasmos más intensos de su vida, pero de pronto dejó de sentir la lengua de Pedro.

Pronto se dio cuenta de lo que pasaba: con el orgasmo había perdido el control y sin saberlo estaba apretando brutalmente los huevos de Pedro, que no aguantó más y se desmayó.