Dos trabajadores con la nieta del abuelo, una jovencita demasiado pervertida, que se deja hacer absolutamente de todo

Hola, mi nombre es Dianna. Por fin las vacaciones llegaron y decidí pasar unas semanas en la granja de mi abuelo. Dejar la ciudad, tener unos momentos de tranquilidad y paz me harían bien, además, me gusta la vida de granja.

El día por fin llego y después de unas cuantas horas de viaje estaba en ese pueblo lleno de gente agradable, lejos de todo bullicio, el sonido de las máquinas y la vida a mil por hora. En cambio aquí todo era tranquilo, la gente se saluda en las calles, se desplaza a pie o en caballos y el olor a tierra mojada siempre está presente.

Al llegar a la granja, me encontré con la esposa de mi abuelo, una mujer de mediana edad, algo mal humorada y carácter fuerte. (Sinceramente, no sé qué vio mi abuelo en ella)

–Hola, abuela Carmen, ¿Cuánto tiempo sin verla? ¿Ha visto a mi abuelo por aquí? –Al fin llegaste, te esperaba más tarde- me contesto de una forma sarcástica. -Tu abuelo está en el granero con los trabajadores.

Sin pensarla dos veces me dirigí hasta el lugar, cuando llegue encontré a mi abuelo discutiendo intensamente con dos hombres, -“quizás sean sus trabajadores”- pensé.

-No puede ser posible que hagan esas cosas aquí, mal nacidos, mira que drogarse en horas de trabajo y en mi granja. ¡Fuera de aquí!, no quiero volver a verlos cerca de mi granja. –pero aun nos debe la paga de… -¡He dicho fuera!… ¡después de esto aún piensan en que les voy a pagar!

Los dos hombres salieron del lugar y se cruzaron conmigo en la entrada del granero. Al sentir sus miradas en mi baje mi cabeza y me dirigí hacia mi abuelo.

Mi abuelo, un hombre de 67 años al verme, todo su enojo desapareció y me recibió con un fuerte abrazo –Dianna mi niña como has crecido, que gusto el tenerte aquí con nosotros. –Gracias abuelo, yo también te he extrañado mucho-

Después de nuestro momento de saludos pasamos a la casa a refrescarnos un poco. Mi tía como de costumbre, regañaba a mi abuelo.

– ¿porque despediste a esos hombres?, te puedes meter en problemas con los Ortega. – Exageras mujer, yo puedo despedir a quien quiera, siempre que no esté haciendo bien su trabajo y esos dos se lo buscaron, ya les había dado una oportunidad.

Sin decir más nos sentamos a la mesa y disfrutamos de la comida que había preparado “mi abuela”. Al terminar, me dirigí a mi recamara y me quede profundamente dormida.

Los días en la granja eran muy agradables, ayudaba a ordeñar a las vacas por la mañana y a darle de comer a los animales. Mi abuelo se dedica a la crianza de toros y caballos siendo una de las personas más reconocidas de la región.

Al quinto día de haber llegado, mi abuelo salió del pueblo hacia la ciudad y no regresaría hasta tarde, por lo que me tocaba pasar el dia con mi “adorable abuela”.

La mañana fue algo movida, sin mi abuelo, teníamos que hacer su parte y mi abuela más que ayudarme me ponía a hacer todo. Para las doce del día estaba exhausta y todavía me pidió que la acompañara al pueblo.

Fuimos al mercado a comprar despensa y cosas que hacían falta en la casa, en el camino casi no cruzamos palabras, ella no me cae bien ya que se casó con mi abuelo por interés más que por amor y al parecer yo tampoco le caigo bien o eso al menos me parecía hasta estos momentos.

Cuando ya regresábamos, la Sra. Carmen entro a una tienda de ropa y empezó a ver unos vestidos, abrumada por el calor y las cosas que traíamos me quede sentada en una silla. Al cabo de unos minutos me habla –Dianna, ven aquí –al llegar me dice –pruébate este vestido haber que tal te queda. –Estupefacta, entre al vestidor sin saber el motivo de tanta amabilidad.

El vestido era muy bonito, de color rojo oscuro, con detalles de flores, un poco transparente en los hombros, con escote de espalda y de largo 4 dedos por encima de las rodillas. Al verme con el vestido me dijo –Perfecto, nos lo llevamos, ya era hora de que te vistas como alguien de por aquí.

Al llegar a la casa lo primero que hice fue acostarme en la cama y dormir un rato.

Eran las 18:00 horas cuando la Sra. Carmen me despertó –levántate escuincla y date un baño, necesito que me hagas un encargo -¿de qué se trata o qué? –te digo que te levantes y cuando te bañes ponte el vestido que te compre.

Después de 5 minutos acostada me desnude y me metí a la regadera. A pesar del calor que hacía, el agua estaba muy fría y me puso la piel de gallina, comencé a enjabonarme la piel y cuando pase el jabón por mis pechitos, note que mis pezones estaban erectos por lo mismo del agua fría.

Al salir de la ducha, me vestí y baje a la sala donde me esperaba “mi abuela” –Necesito que lleves este paquete a esta dirección –me entrego una hoja con la dirección y la forma de cómo llegar. –Dile que es de parte mía y que con eso estamos a mano. Tu abuelo llegara en la noche, no te demores tanto.

El sol se estaba poniendo ya pero por las montañas de la región parecía más tarde, nunca había salido al pueblo yo sola pero tampoco era para asustarse ya que lo conocía bien.

El vestido era muy cómodo y ligero, manteniéndome fresca. Seguí la dirección que “mi abuela” me dio y al cabo de 15 minutos llegue a la dirección. La casa parecía algo descuidada y no parecía que viviera mucha gente en ese lugar, llame a la puerta pero nadie abrió, volví a tocar y lo mismo, para la tercera vez que toque por fin me alguien abrió.

Un hombre alto, delgado y de piel morena me recibió, su mirada era penetrante y tenía la sensación de haber sentido antes esa mirada. –Traigo este paquete de parte de “mi abuela” La Sra. Carmen –Ya veo, adelante, pasa bonita. –Está bien así –conteste –solo he venido a entregarles esto. –Me parece bien preciosa, pero necesito darte algo antes de que te vayas. –me tomo del brazo y me introdujo a la casa.

Cerro la puerta detrás de mí y me dijo –siéntete como en casa bonita y disculpa el desorden… –y vaya que era un desorden, latas y botellas tiradas por el piso, no había muchas cosas que importaran en esa casa, a excepción de dos sillones y una mesa con 4 sillas.

-Fabián, ya llego el paquete de doña Carmen

-Excelente ya me estaba muriendo de las ganas –contesto una voz que venía de arriba. –de pronto un hombre algo gordo, con un poco de cabello y barba bajaba por las escaleras, al pasar frente a mí me miro de arriba abajo y se dirigió a la otra habitación con su compañero.

-¿Que tenemos aquí? ¿Es la cantidad que le pedimos? –Sí, ya lo conté y además está la nieta del viejo. –Sí, ya la vi, se ve muy tiernita, ¿crees que aguante tanto?

Al escuchar todo eso un escalofrió me recorrió por toda la espalda y algo me decía que tenía que salir de ahí, pero cuando estaba a punto de hacerlo, los dos hombres me lo impidieron.

F- A dónde vas tan pronto preciosa, aun te falta pagar la otra mitad.

D- No sé a qué se refieren, yo solo tenía que traer el paquete.

E- Que estamos esperando vamos a divertirnos con ella.

Sin darme tiempo de reaccionar me pusieron contra la pared y me taparon la boca con una cinta, el más alto de ellos y al parecer más fuerte, Fabián, me levanto como si nada y me tiro en la mesa de la cocina. Forcejee y trataba de gritar, pero eran muy fuertes.

E -cálmate estúpida escuincla, o no saldrás de aquí completita –Me colocó un cuchillo en el cuello presionando levemente para que sintiera la punta. Sin más que hacer deje de moverme.

F –Que niña tan bien portada, así me gusta que hagan lo que se les ordena a la primera. –Mientas me decía todas esas cosas, con sus manos recorría lentamente mis piernas. Podía sentir sus manos ásperas sobre mi piel y como poco a poco subía mi falda hasta mi entrepierna.

F –Mmmm… que ricas piernitas tienes amorcito, blanquitas y firmes, de seguro sales a correr todos los días para tenerlas así.

E –Sácale de una vez el vestido Fabián, me muero por verla desnudita –Lentamente Fabián fue recorriendo todo mi cuerpo con sus manos y levantando mi vestido al mismo tiempo, cuando llego a mis pechos se detuvo.

F –Eres una niña exquisita, tienes un cuerpecito esplendido, nos vamos a divertir mucho contigo. –De pronto miro al otro sujeto y le dijo: -Esteban, sácale el vestido y el sujetador yo me encargare de sacarle lo demás.

En un dos por tres quede completamente desnuda sobre la mesa de madera, los dos tipos me miraban como si fuera un platillo delicioso y con ganas de devorarme.

Fabián me tomo de las piernas y lentamente las fue abriendo hasta que mi conchita quedo completamente expuesta.

F –Que rica cosita tienes entre tus piernas… mmmm… rosita y con poco pelito, así me gustan más. Déjame besar tus labios. –Fabián hundió su cabeza en mi entre pierna y comenzó a besar mis labios vaginales. Mientras lo hacía, ligeros espasmos comenzaron a recorrer por mi espalda como la ves que mi vecino me cogió en mi casa.

E –Que sexy te vez desnudita preciosa… que bueno que la vieja esposa de tu abuelo te mando a con nosotros. Tenemos meses sin probar un cuerpecito, lo que significa que andamos llenos… y tu solita nos vas a vaciar –Me saco la cinta de la boca y sin darme oportunidad de gritar me empezó a besar por la fuerza.

Mientras lo hacía, tomo mis pechos con sus manos y me los empezó a apretar y amasar. Me tenían completamente dominada y lentamente comencé a sentirme un poco excitada.

Cuando por fin el tipo que se estaba comiendo mi cochito sintió el sabor de mis juguitos en su boca paro de inmediato.

F –esta lista Fabián, yo por enfrente y tú por la boca, después cambiamos de lugar. –Esteban dejo de besarme y ambos comenzaron a desabrocharse sus pantalones hasta quedar ambos desnudos de su abdomen para abajo.

El tamaño de sus penes era algo grande para mí y aunque trate de rogarles que me dejaran, poco fue lo que me hicieron caso. Fabián me tomo de las piernas y coloco su pene en la entrada de mi vagina, mientras que Esteban me tomo de mi cabeza y trataba de meter su polla en mi boca.

E –vamos putita, no me hagas esperar y trágate todo esto que tengo –Su verga, golpeaba mis labios, como cuando alguien golpea una puerta y espera que le habrán.

De pronto sentí como el pedazo de Fabián me penetraba fuertemente, fue tal el dolor que deje escapar un fuerte sollozo, cosa que aprovecho Esteban para penetrarme por la boca.

E –Eso putita, que te costaba, si tienes una deliciosa boquita y estás haciendo un excelente trabajo. –Sus palabras estaban llenas de burla, me sentía humillada, por segunda ocasión, pero nada podía hacer, más que dejarlos disfrutar de mí.

El tener un pene dentro de mi boca y otro en mi vagina, no era nada agradable, pero sin que yo pudiera hacer algo comencé a excitarme más y más. El roce del pene de Fabián dentro de mi había ocasionada que mi conchita comenzara a desbordar juguitos y que mis pezones se pusieran duritos.

F –mírala Esteban, está bien caliente la nenita, parece que el efecto de tener dos vergas para ella sola le gusta. Puedo sentir toda la verga cubierta por sus jugos. ¿Te gustaría probar el sabor de tu miel preciosa?

Inmediatamente, los dos tipos cambiaron de lugar. Teniendo la polla de Fabián en mi boca probé por primera vez el sabor de mi excitación, un sabor dulce y poco acido. Sin saber porque, el sabor de mis juguitos me gusto y comencé a mover mi lengua alrededor de la verga de Fabián.

Al parecer el movimiento de mi lengua le gusto y sentía como su pedazo comenzaba a vibrar. De pronto sentí que algo caliente golpeo en mi garganta y poco a poco me empezó a llenar toda mi boca.

Inmediatamente Fabián saco su polla de mi boca y algunos chorros de semen fueron a caer en mi cara y mis pechos. El sabor era horrible y el olor nauseabundo, sin embargo, agradecía que ya no estuviera dentro de mí.

E –Que putita tan rica me estoy follando, a pesar de tener 20, coges como una de 27, tu carita, tus piernas, tus pechitos, todo es perfecto en ti, estas bien cogible mmmm… aahhh… -y sin decir más saco su verga de mi conchita y un chorro de semen golpeo directo en mis labio, otro en uno de mis ojos y en un instante chorros de leche comenzaron a cubrirme desde mi abdomen hasta mi cara.

Termine cubierta de semen en una mesa y con dos hombres agotados, tenía las piernas entumidas de lo duro que me cogieron esos dos tipos.

Como pude, me puse de pie pero mis piernas apenas podían sostenerme, al verme, los dos hombres me sonrieron.

E –Puedes irte putita, has cumplido con la parte del trato, dile a la vieja de tu “abuela” que gracias por este pastelito que nos envió.

Sintiéndome humillada me puse el vestido sin siquiera preocuparme por mi ropa interior. Salí de inmediato de ese lugar y me dirigí a la casa de mi abuelo.

Afuera las lámparas de la calle iluminaban la oscuridad de la noche, no ponía atención a mi alrededor, por mi mente solo tenía recuerdos de los momentos que había vivido hace algunos instantes.

La poca gente que se topaba conmigo se me quedaba viendo, algunos hombres al pasar a su lado volteaban a verme mientras seguía caminando y es que aun habia restos de semen en mi cara y mi pecho, incluso sentía como el semen que descargaron dentro de mí, bajaba por mis piernas.

Al llegar a la casa mi abuela estaba esperándome en la entrada, al verme toda desarreglada y cubierta de semen me metió de inmediato a la casa.

-Donde estabas escuincla, son casi las 9 de la noche, tu abuelo ya casi llega…

D – ¡Donde más iba estar!… ¡con esos dos patanes con los que me vendiste para que me follaran! ¡¿Cómo pudiste hacerme eso?! Cuando mi abuelo se entere… de pronto mis sollozos fueron silenciados por una bofetada.

-¡Escuincla mal agradecida! ¡Deberías estar feliz de que haya cambiado tu cuerpo por la vida de tu abuelo! ¡Esos dos hijos de puta fueron los que tu abuelo despidió hace días! ¡Pensaban hacerle lo impensable a tu abuelo! Menos mal que llegue a un acuerdo con esos dos y a cambio me pidieron que te entregara como pago.

Estaba en shock después de escuchar todo eso, no podía creerlo, no sabía si estar feliz o llorar de tristeza, mire a mi “abuela” sin saber que decir.

-Ahora sube a darte una ducha niña, que aun tienes el semen seco de esos dos en toda la cara, sin mencionar que apestas a sexo. No es necesario que me des las gracias por lo que hice, a fin de cuentas tu fuiste la que salvo a tu abuelo.

Sin decir más por el momento subí a mi cuarto a tomar una larga y tranquila ducha.