No quería tener más clítoris por eso busque la forma de sacarlo, lo estrangule hasta que prácticamente hice que no pudiera sentir más nada

Hola soy Marta.

No recuerdo un momento de mi vida en que no soñara con eliminar mi clítoris; incluso mucho antes de que fuera plenamente consciente de su función.

Cuando me hice sexualmente activa, le negaba los orgasmos a mi cuerpo. No me malinterpreten, lo practico y siempre he disfrutado de sexo, pero simplemente obtengo placer al no conseguirlo aunque lo desee y lo obtengo al negarle a mi cuerpo sentir un orgasmo. A mis primeras parejas sexuales les gustaba la idea ya que les aliviava de la presión de satisfacerme, pero mi marido tardó mucho tiempo en entenderlo. Provoco algunos momentos problemáticos en nuestra relación, pero después de que él se dio cuenta de que su masculinidad no dependía de si él podía o no hacerme llegar al orgasmo, comenzó a adaptarse a ella.

Hace unos años, le pregunté a Marcos cómo se sentiría si me hicieran una clitoridectomía. Él estaba firmemente en contra, pero finalmente dijo que si yo realmente quería hacerlo, él intentaría aceptarlo. Naturalmente, me aproveché de esa idea. Utilizamos cremas e incluso probé a inyectar anestésico en mi clítoris para adormecerlo, pero los efectos a corto plazo no valían la pena. Las cremas lo adormecían también a él y las inyecciones realmente me dolían mucho.

Empecé a usar pegamento tipo superglue para sellar mi clítoris dentro de su capucha y durante un tiempo realmente funcionó bastante bien, pero no siempre se mantenía el tiempo suficiente, así que empecé a buscar formas de amortiguarlo más.

Encontre un sitio web de un hombre que disfrutaba poniendo bandas elásticas en su pene. Al parecer, la práctica de atar su polla dejaba su órgano parcialmente entumecido. Una idea se convirtió en otra y continuó hasta que finalmente llegué a un plan. Poner gomas elásticas no funcionaría, por supuesto, ya que un clítoris es mucho más pequeño que un pene, así que pensé que mi mejor opción era estrangularlo con algo. Sabiendo que Marcos probablemente se opondría a algo “permanente”, decidí no contarle mis planes. Si no funcionaba, no seria un gran problema… él nunca lo sabría, pero si funcionaba, habría sido una buena idea.

Cuando Marcos se fue a trabajar, fui a prepararme al baño. Primero me desnudé, me acosté en el suelo con mi espalda contra la bañera y mis piernas abiertas, y luego coloqué un espejo para poder ver claramente mis entrepierna. Hice un lazo con un hilo de seda y lo dejé a un lado, y luego comencé a preparar mi clítoris. Puse una pequeña arandela de goma sobre la punta de mi clítoris y luego comencé a deslizarla hacia abajo. Cuando la había desplazado todo lo posible, presioné la arandela más firmemente contra mi cuerpo. Me sorprendió lo grande que era mi clítoris.

Lo estudié durante unos momentos, moviéndolo con la yema del dedo para endurecerlo. Seguí estimulándolo hasta que estuve cerca del orgasmo y luego puse el lazo de seda en su lugar.

Conteniendo la respiración, me miré en el espejo mientras cerraba el lazo alrededor de la base de mi erecto clítoris. Me sorprendió lo mucho que conseguí apretarlo antes de que realmente sintiera la primera punzada de incomodidad. La punta de mi clítoris parecía una dura bola rosa. La piel se veía apretada y brillante, pero se oscurecía con bastante rapidez. Al dar al lazo otro tirón, jadeé al sentir que una sacudida de placer me alcanzaba.

Mirando a mi clítoris en el espejo, le di al lazo otro tirón y sentí como estrechaba aún más. Podía sentir mi pulso en la base de mi clítoris, donde estaba constreñida y sabía que mi cuerpo estaba tratando de forzar a la sangre a alcanzar el tejido. Cerré los ojos, le di al lazo otro tirón y gemí al sentir un fuerte pellizco. Medio asustada por si lo habia seccionado de raiz, miré hacia abajo. La cabeza de mi clítoris se parecía mucho a la punta de un pene muy pequeño. Manteniendo la tensión en el lazo, pasé la punta de mi dedo sobre él. Era como si mi clítoris supiera lo que estaba haciendo y tratará de convencerme de que lo arrancara de cuajo.

Estaba hipersensible y podía sentir en él cada latido de mi corazón. Me senté lentamente mientras mi vista se oscurecía, manteniendo todavía la tensión en el lazo. Cuando mi cuerpo pareció adaptarse a eso, apreté un poco más. Fue entonces cuando lo sentí crujir. El pánico brotó dentro de mí, pero como no sentí ningún cambio, mantuve la tensión y respiré hondo a través del dolor. (¡Dolía tan bien!)

Mantuve el lazo durante unos veinte minutos; observando atentamente mi clitoris para asegurarme de que no se ennegreciera demasiado o comenzara a hincharse. No lo toqué en absoluto durante esos pocos minutos. Solo me mantuve esperando… Mirando…

Después de veinte minutos, solté el hilo que apretaba un lado del lazo y con cuidado comencé a tirar del otro extremo para aflojarlo. Pequeñas punzadas de dolor atravesaron mi clítoris, sintiendo pinchazos mientras lo soltaba. Abriendo mis labios vaginales, estudié mi clítoris y rozé suavemente la punta de mi dedo sobre su extremo. Cuando mi dedo se deslizó a través de la parte superior de mi clítoris, pude sentir la presión de mi dedo, pero la sensación real estaba atenuada.

Mi corazón comenzó a golpear dentro de mi garganta mientras acariciaba mi dedo contra mi clitoris. ¿Podría haber funcionado? ¿Habría conseguido estrangular mi clítoris? Me quedé muy decepcionada al descubrir que mi zona genital era tan sensible como antes. Deslizando mi dedo hacia arriba, lo revisé dos veces. Sí, definitivamente mi clítoris estaba algo entumecido. Sensible pero entumecido. Era casi como si mi clítoris hubiera sido dividido en dos. Una mitad podía sentir, pero la otra no.

Esa victoria parcial fue agradable, pero espero mejores resultados. He estado esperando una oportunidad para probarlo una segunda vez. Un nuevo viaje de trabajo de Marcos he pensado que podría ser el momento perfecto.

e hecho, antes de sentarme a escribir sobre mi primera experiencia de estrangular mi clítoris, lo he vuelto a hacer. Ya han transcurrido cuarenta y cinco minutos y me he esforzado en no mirarlo. Mi clítoris está ardiendo, pero sorprendentemente, en realidad no siento ningún dolor. Ahora que mi historia está terminada, voy a subir las escaleras hasta casa y me voy a sacar el lazo.

Marta

Y ahora…

¿alguien ha hecho algo asi?

¿alguien tiene deseos de hacer algo asi?

¿alguien se anima a hacer algo asi?

¿alguien se anima a contarlo?