Mi novia es ninfómana, no puede estar ni un día sin coger y cuando yo no puedo esta con otro. Pero eso no es problema porque yo me cojo a otra chica

Desde que Cris tomó el avión a Guatemala, recibí únicamente un pequeño mensaje por WhatsApp en donde me decía que en ese país las comunicaciones eran muy malas, así que ya me contaría todo a su regreso, tomaría unas fotos con su IPhone y que no me preocupara por ella que está en muy buenas manos. Esto último fue lo que me preocupó, pero así estuve todos esos días hasta su regreso.

Diez días después, cuando llegó Cris, el departamento se iluminó con su presencia, estaba más bella que nunca, irradiaba felicidad por todos sus poros, venía muy dorada del sol caribeño y pasamos una velada inolvidable haciendo el amor en todas las formas posibles, ese día no me quiso contar nada de sus experiencias de viaje y lo dejó para el día siguiente. Ese día llegué en la tarde y me la encontré ataviada muy sensual, me dijo que para esa velada había encargado una comida gourmet y unos buenos vinos, porque quería contarme todo su maravilloso viaje con lujo de detalles y con las fotos de su IPhone para que gozáramos juntos de sus experiencias maravillosas.

Después de cenar nos acostamos desnudos como lo hacíamos siempre y me empezó a relatar su viaje mientras disfrutábamos del postre con champagne.

“Llegué a Guatemala que era casi mediodía, y ahí estaba el gordo Alfonso esperándome en el aeropuerto, iba con un amigo ya bastante viejo y panzón como él, tenía una cara todavía más fea que Alfonso, me lo presentó como Sebastián, Sebas como le decía por lo seboso.

Nos subimos a una camioneta pick up, viejísima, y me dijo que íbamos a ir a una pequeña playa en el caribe, casi en frontera con Honduras, que era muy bonita y casi desierta a excepción de una cabaña en que vivía un viejo amigo suyo con sus dos nietos y su nieta, que ya habían preparado una pequeña habitación y que me iban a atender de maravilla, que después ya irían a buscarme para ir a unas ruinas mayas hermosísimas y a un poblado llamado Puerto Barrios, en el cual vivían Alfonso y Sebas y que estaba como a dos horas de la playa.

Íbamos los tres sentados en la cabina, yo en medio como era de esperarse. El Sebas no paraba de meterme mano, pero a mí no me importaba, es más, me gustaba que me tocara y me empecé a ponerme bastante calentorra entre el ajetreo del camino, pues era de terracería y el olor tan fuerte a macho sudado. Alfonso estaba muy contento de que estuviera ahí, y no paraba de decirme que me la iba a pasar bomba, primero un relax en la playa, después una excursión antropológica y luego unas noches de juega”

Mientras me contaba eso me enseñó la foto del tal Sebas, cuando lo vi pensé que como era posible que mi hermosa Cris estuviera con semejante adefesio, se veía sucio y descuidado, medio calvo y lleno de granos en su cara morena.

Me empezó a decir que después de casi dos horas de camino por aquellas selvas, se pararon en una pequeña fonda para camioneros que estaba a orilla de carretera para comer algo, el lugar se veía muy pobre y estaba atendida por una señora ya mayor, y les preparó un plato que le gustó mucho, se llamaban “tamales”. Y al terminar y ya para partir le dijo a la señora que tenía que pasar al servicio.

“ Sabes mi Jordi, cuando le dije que tenía que usar el servicio, se me quedó viendo preocupada y me dijo, que estaba muy sucio, pues era el único baño y lo utilizaban los camioneros que eran muy marranos, y que además no tenía puertas, por lo que era bueno que me acompañara uno de los caballeros que venían conmigo para cuidar que no entrara un camionero mientras lo ocupaba, Sebas inmediatamente se apuntó para acompañarme, el servicio estaba en un cuarto afuera del local, era apenas de dos metros por lado y en la puerta había una cortina toda raída, cuando entré me quedé estupefacta, aquello era un cochinero completo, el piso de cemento lleno de meados y un retrete lleno de mierda y meados, Sebas se ofreció a limpiar el asiento, pero ya era demasiado tarde, pues ya no aguantaba y me había bajado los jeans y me había sentado, él se quedó adentro mirando mientras soltaba un gran chorro de pis, y cuando terminé, me dijo que era su turno, se me quedó mirando mientras me subía el pantalón y me dijo que vaya suerte la que tenía Alfonso de haberme conocido, y que le había contado cuando le había dejado que fuera mi amo unas horas y lo que le había hecho mientras cagaba. Le dije que si se portaba bien lo dejaría ser mi amo unas horas y podría hacerme las marranadas que quisiera, pero que en ese momento ya estaba cansada y no veía las ganas de llegar. El pobre se resignó, pero por el momento ya me había puesto muy calentorra imaginándome lo que me pediría”.

Le dije, “no sé cómo puedes ser tan guarra, mi amor, si el tipo se ve que no se bañaba en un mes”,

–“Yo creo que más querido”.me dijo riendo.

Después siguió relatando cómo, casi a las cinco de la tarde llegaron a la playa, era realmente espectacular, llena de cocoteros y mucha vegetación tropical, con un agua completamente cristalina, lo único no natural era una cabaña bastante grande, Alfonso le dijo, que en esa cabaña vivía Anselmo, un viejo que vivía con su nieta y dos de sus nietos, que ya ellos se habían encargado de tener todo arreglado, un cuarto para ella sola y la mejor comida, pues Anselmo era pescador y todos los días salía de pesca para vender en el pueblo cercano, y los fines de semana , la cabaña se transformaba en un bar en donde asistían los demás pescadores y camioneros del rumbo, pero que no había cuidado pues no eran ruidosos, aunque siempre estaban muy calientes por la falta de hembras dispuestas en la región.

Siguió Cris:

“En eso salió un hombre bien delgado, más bien flaco pero muy correoso, era bastante pequeño, con todo el poco pelo que quedaba en su cabeza completamente blanco, al igual que una barba bastante rala, yo le calculé unos setenta años. Pero caminaba muy ágilmente y se veía muy fuerte. Avanzó hacia nosotros y me abrazó diciendo “Hola, niña, realmente eres más guapa y más tierna de lo que me dijo el gordo Alfonso, estoy muy contento de tenerte en casa, ya tengo una cena de bienvenida para ustedes”. Alfonso y Sebas se disculparon pues tenían que llegar a su trabajo y arreglar algunos asuntos, y me dijeron que pasarían por mí en dos o tres días para hacer un paseo a las ruinas y llevarme de juerga.

Una vez que se fueron, Anselmo me llevó a conocer su cabaña, era relativamente grande con el techo de palma, allí la llaman “Palapa”, tenía tres cuartos y el baño estaba afuera junto con las letrinas en otra palapa pequeña. Me pareció todo muy bonito, distinto a todo lo que había visto y emocionante. Le dije que me moría de ganas de lanzarme al mar y acostarme a tomar el sol en la playa, así que dejé mi pequeña maleta, me puse mi tanga y salí a darme un chapuzón.

Cuando estaba acostada en la arena, se acercó Anselmo con una charola y un coco, y también traía una botella de coca cola llena de un líquido blanquizco, y me dijo “Hola nena, estas fantástica, te traigo un coco con ron, y también un poco de aceite para broncear que yo mismo preparo, pues aquí el sol es muy duro y no quiero que te me vayas a insolar, por cierto, aquí puedes hacer nudismo total, no viene nadie por estos lugares, y yo, pues ya estoy muy viejo, ja, ja”. Yo le dije, que de viejo nada, que se veía que podía dar buena caña a la mujer que se pusiera enfrente. Él se rio y dijo, pues si, mira como me pusiste el paquete nada más de verte, señalándome a su viejo pantalón. Me quité la tanga y quedé en pelotas delante del viejo Anselmo que se me quedó mirando de arriba a abajo, entonces tomé la botella vieja de coca cola con el protector y al abrirla me vino el tufo a algo muy conocido, y le dije “Don Anselmo, esto huele como a leche de macho. Ja, ja”. “Si mi nena, la preparo con simiente del burro y un poco de crema de coco, mi nietecita ordeña al burro y mis nietos preparan el aceite de coco y yo lo mezclo, como ves todo son ingredientes naturales, je, je”. Bueno le dije, entonces écheme usted en mi espalda que no alcanzo, pero antes voy a darle una probadita, tomé un poco con los dedos y chupé, le dije, Mmmm…vaya que sabe bien y yo creo que me va a servir mucho. Me acosté boca abajo diciéndole que me untara la espalda y especialmente el culo, que lo quería tener bien negro, como debe ser. Don Anselmo no espero nada y empezó a ponerme la pócima en la espalda, bajando hasta mis nalgas y le dije, póngame bastante ahí en la raya del culo Don Anselmo, entonces vi como el viejo la tenía tan parada que parecía que se le rompía el pantalón, “Don Anselmo, mire como se puso, no se le vaya a romper el pantalón, ¿Porque no se lo quita y estará más cómodo? El no aguantaba las ganas, pero me dijo que en poco tiempo llegarían sus nietos y no quería que lo vieran así, le dije, claro, pero si es algo natural, ¿porque le van a decir algo? Enseguida me dijo: “De eso quería hablarle, mi nena, como ve, aquí vivimos muy escasos de todo, y mi nieta ya está en plena efervescencia de sus hormonas y casi no conoce nada sobre el sexo. Yo quería pedirle, que, aunque usted es también muy jovencita, ya ha vivido mucho más que mi nieta en estos terrenos, yo quisiera que le enseñara un poco, pues luego se aprovechan de las muchachitas inocentes por aquí”. ¿Quiere decir que todavía es virgen? Le pregunté, “Yo creo que si, mi niña”. Bueno, le dije, no se preocupe que yo hablaré con ella y ya verá como la pongo más “avispada” como dicen por aquí. “No sabe cómo se lo agradezco, mi niña, es usted un ángel”.

Me dio mucha lastima el hombre, pues yo creo que estaba preocupado por su nieta y también que, viviendo en la soledad había pasado mucho tiempo desde su última mujer, y pensé que después le daría un regalito.”

Me siguió relatando que se quedó un poco dormida en la playa, y que la despertó el sonido de una voz como de niña, era Anselmo que se acercaba con una jovencita que apenas tendría la edad de Cris.

“Era más baja de estatura que yo, morena tostada, delgada, con una cara preciosa de niña, y un pelo negro con una trenza que le colgaba debajo de los hombros, tenía una nariz pequeñita y unos ojos grandes y negros de forma casi gatuna, estaba vestida muy mona, con una blusita delgada arriba del ombligo, muy moderna, luciendo sus pechos pequeños, pero bien formados, traía unos shorts de mezclilla todos raídos (intencionalmente). En fin, una muñeca la chavala.

“Mire Cris, le presento a mi nieta María”, acaba de llegar de sus clases. Es más joven que usted, pero le hará buena compañía”.

Charlamos un rato en la playa y al rato volvió el viejo Anselmo, esta vez acompañado de dos mozos adolescentes muy guapos, también algo pequeños pues en este país es raro el que tiene buena estatura. Venían sin sus camisas, con unos pantalones de tela blanca ya sucios y descalzos, yo les calculé entre quince y dieciocho años.

“Mire señorita Cris, le presento a mis dos nietos, Antonio es el mayor, y Juan, ellos me ayudan en la pesca además de ir a la escuela, y también a servir en el bar los fines de semana”. Los dos mozos se quedaron boquiabiertos cuando me vieron, y enseguida me di cuenta que era por mi desnudez, traté de taparme con una toalla, pero Don Anselmo me dijo: “No se preocupe señorita, lo que los tiene embobados no es que esté desnuda, sino su belleza, por estos lugares rara vez se ven mujeres tan bellas como usted”. Yo me sentí muy alagada y les tendí la mano así desnuda como estaba. Les dije que tendríamos tiempo de platicar y de enseñarles cosas que hacemos en mi país, le dije esto guiñándole el ojo a Don Anselmo. El luego comprendió y les dijo “Ya ven muchachos, a portarse bien y Cris les enseñará muchas cosas”.

Esa noche cené muy rico un pescado frito que preparó Anselmo especialmente para mí y un plato de ostras fresquitas deliciosas que aquí llaman ostiones. Después me disculpé porque quería descansar, y como me di cuenta de que María iba a dormir en una hamaca porque yo estaba ocupando su cuarto, le dije que durmiera conmigo, que había espacio y así podríamos platicar, ella aceptó gustosa y entonces empezaron los consejos que quería su abuelo que le diera.

Cuando estuvimos solas, le ofrecí un porro que había preparado, María me pregunto que era eso y le dije que un porro, ella se mostró turbada y me preguntó, si los fumaba seguido, pues allí en la escuela solo algunos muchachos los fuman. Y le dije que sí, y además que los probara para que viera que bien se iba a sentir. Ella temerosa agarró el porro que le ofrecí y empezamos a platicar de diferentes temas. Yo me senté estratégicamente enfrente y crucé las piernas, y ayudada por la brevedad de mi falda y a mi ausencia de bragas, permitió que viera en todo su esplendor mi pelambrera rubia que lucía entre mis piernas. María me preguntó un poco turbada “¿Que nunca llevas bragas?”.

Jamás las uso cuando hace tanto calor, respondí.

–“Si me viera así mi abuela, que en paz descanse, se moriría de la impresión”.

–Bueno tal vez tu abuela tampoco las usaba en ocasiones. Pues cuando se hace el amor no suelen usarse. ¿Y tú no has hecho el amor nunca?

–Que dices, si apenas tengo dieciséis años, y yo creo que mi abuelo quiere que llegue virgen al matrimonio.

-puedes llegar virgen al matrimonio y haber hecho el amor.

–Pero como puedes decir tales cosas.

Solo quiero decir que las mujeres contamos con tres orificios para hacer el amor, no necesariamente con tu almejita, además, ya a nadie le importa si tienes intacto el himen o no.

–Que dices, Cris, ¿quieres decir que has hecho el amor con tu boca?

-Claro, y con el culo también.

–Que asco, pero si por ahí hacemos caca.

–¡Pues si vieras como se goza cuando te enculan! Nos reímos las dos.

Mientras esta charla seguía, yo iba acercando mi mano hacia su coño, María cada vez estaba más excitada y abría las piernas mientras yo con todo descaro metía mis dedos en su chorreante almeja.

–Y dime María, las amigas no tienen secretos ¿verdad?

-Nooo.

–Se sincera conmigo, María, considérame tu amiga y cuéntame, ¿te has tocado aquí?

–Si, algunas veces.

¿algunas veces?

–Bueno muchas veces.

–Y te excita mucho?

Ya para entonces, María tenía una fuente de líquidos en su almeja.

Si…me excita mucho.

__a ver enséñame como lo haces

María entonces se empezó a acariciar con los dedos mientras gemía de placer.

–¿Y eso no te lo ha hecho alguien más?

–Nooo.ni pensarlo, lo hago solita cuando nadie me ve.

-A ver amiguita déjame que te lo haga yo, veras que es más placentero si unos dedos extraños te acaricien.

María no puso ninguna objeción, y quitándole la mano puse la mía al mismo tiempo que me hincaba con la cara cerca de su vulva, la niña gemía de placer mientras le acariciaba con maestría.

¿Te gusta María?, ¿Te gusta cómo te doy placer?

–Si, si, muuucho.

En ese momento acerque mi boca a su coño y cambie dedos por lengua.

–Pero… ¿Que haces Cris? –me dijo la pequeña, pero no hizo ningún movimiento para separarme.

¿Que no te gusta mi lengua María?

Si, pero es que está sucio, por ahí meamos.

–Lo que está sucio es la mente de los puritanos que te han metido eso en la cabeza, todo esto es el néctar de nuestro cuerpo, amiguita, lo que nos da placer, a mí me da tanto placer acariciarte y besarte, como a ti, recibirlo.

Enseguida metí más mi lengua maestra hasta que tuvo otro orgasmo, y luego continué con mis habilidades chupadoras.

–Sigue, Cris, sigue por favor, me gusta mucho.

Saqué mis dedos todos pringosos de sus jugos, y los llevé a su boca, ella inmediatamente comenzó a chuparlos con deleite.

–¿Te gusta chupar tus jugos?

Si, mucho.

Entonces metí mis dedos en mi coño que ya chorreaba de la calentura y le di a chupar.

–Estos son mis jugos, querida, chupa bien y huélelos, aprende a gozar con los sabores y olores del sexo.

–Si, Cris quiero lamer todo.

Entonces procedí a meter un dedo en su culo y ella me preguntó ¿Qué haces Cris? Te equivocaste de agujero.

–No querida, vas a aprender ahora como te da placer el otro orificio. Mientras le decía esto procedía a meter el dedo más profundamente mientras María se retorcía de placer. Saque mi dedo y se lo acerque a su nariz, ahora huele esto, querida.

–Huele a mierda.

–Si querida ahora chúpalo, ella sumisamente procedió a chupar mi dedo mientras yo le decía que tenía que degustar todos los sabores para ser una mujer completa.

–Si, si, ahora mételo en tu culo Cris, que quiero también que me lo des a oler y chupar.

Si mi querida, ahora, lo que vamos a hacer es prepararte para que puedas recibir otras cosas además de mis dedos o mi lengua.

¿Cómo que?

Como el miembro de los machos querida.

No aguardé más y empecé a meterle dos y luego tres dedos dentro su coño ya completamente lubricado por los continuos orgasmos.

–Si, Si Cris, méteme más.

Después empecé a meterle toda la mano hasta el puño, mientras María se retorcía de la excitación.

Te gusta, ¿verdad?, Eres bien puta María.

¿Soy que?

–Puta, eres una puta marrana

–Si, si soy una puta, me gusta que me digas que soy una puta.

¿Gozas que te meta toda la mano?

Si, si.

¿que más quieres tener adentro? ¿quieres que te metan una verga?

Si, quiero que me metan una verga bien grande.

–¿Qué tan grande la quieres, mi pequeña guarra?

. —Como la de un burro.

¿y quieres que eche su leche el burro en tu coño?

Si, que me llene toda

¿Y que más?

Que me mee adentro.

¿Y también la chuparas?

Si chupare todo, y me beberé toda su leche, sus meados, todo…pero dame más, Cris.

Entonces empecé a soltarle una zurra con la otra mano, al principio se sorprendió, pero después me pedía que le pegara más fuerte, inclusive me dijo que le pegara con la vara que usaban para arriar a los animales, cada vez me pedía más y le di hasta que se me cansó el brazo de tanto azotarla

Después de otro orgasmo, caímos las dos abrazadas, estábamos exhaustas. La primera parte ya se había dado, ahora tendría que seguir sacando toda esa sexualidad y pasión propia de su edad y que había permanecida escondida.

Eres una perversa, Cris, supongo que tenías otros planes para la pequeña María ¿No es así?

Claro mi amor, continuaré.

Estando abrazadas, le pregunté. ¿Cuéntame, ya has visto varias vergas de hombre ¿verdad?

–No muchas, la de mis hermanos y una vez la de mi abuelo.

Y dime ¿te gustaron, se te antojaron?

Si especialmente la de mi abuelo, una vez entré en la casa y él estaba en el baño con la puerta abierta, no sabía que estaba yo ahí, así que guardé silencio y me puse a observarlo, estaba desnudo y se agarraba su pito y lo empezaba a menear, entonces me maravillé como empezó a crecer hasta ponerse bien duro, era mucho más grande que el de mis hermanos, siguió moviéndolo hasta que empezó a escupir su semen, así como lo hace el burro cuando le sacamos su leche.

–Eso se me hace interesante María, antes de regresar a mi país, tenemos que hacer feliz a tu abuelo.

¿Como? Eso es pecado Cris, eso es incesto y es un pecado.

–Pamplinas María, eso es otro de los cuentos que inculcan las mentes podridas de los religiosos. ¿sabías que ha habido Papas de la iglesia, que inclusive han tenido hijos con sus propias hijas?

¿O que en Hawái antes de que llegaran los fanáticos anglosajones, la matriarca tenía descendencia de sus propios hijos?

Quítate esos traumas de tu cabecita María, yo te voy a enseñar a dar y recibir placer sin tapujos, y ya verás que feliz vas a ser.

–De verdad ¿me vas a enseñar todo eso? –

Claro, te enseñaré todo lo que sé, pero primero dime, ¿te gustó que te azotara mientras te metía la mano? Porque vi cómo te retorcías de placer.

Si, me encantó, nunca había sentido tanto placer, pero dime ¿es malo sentir eso?

–Claro que no tontita, a todos nos da placer el ser castigados, a unos más que a otros, pero por lo que veo, tu naciste para eso, es un don que te dio Dios, María, eres una masoquista nata, ja, ja.

– ¿y tú Cris, también te gusta?

-A mí me gusta también, pero a veces también me gusta estar del otro lado, por ejemplo, hoy, tuve un orgasmo azotando tus lindas nalgas.

En ese momento vi la figura del abuelo espiando por la rendija de la puerta que yo había dejado con toda intención a medio cerrar. Entonces le dije a María.

Sabes querida, el hablar de estos placeres hizo que se despertara mi morbo otra vez, deseo azotar tus nalgas, esta vez con el fuete de cinco correas que vi en una esquina del cuarto.

–Si, si, a mí también, azótame, pero más fuerte por favor, mira, aquí esta el fuete, puedes darme con él, y no pares, aunque grite.

-Si querida pero ahora te voy a enseñar un truco, si te vendo los ojos vas a sentir todavía más placer, el placer de sentirte más indefensa, más humillada, ¿quieres que probemos? –

–Lo que tú digas Cris, me hace ilusión sentirme humillada.

Entonces procedí a vendarle los ojos con una mascada negra que tenía y le dije que se pusiera en cuatro encima de la cama para que enseñe bien el culo. Cuando ya estaba preparada le hice una señal a Don Anselmo de que entrara con cuidado y le di el fuete, el venia completamente desnudo y empalmado, creo que se estaba masturbando mientras su nieta y yo nos satisfacíamos mutuamente. El abuelo agarró el fuete y empezó a azotar a María fuertemente en su prodigioso y juvenil culo mientras ella pedía más, enseguida noté como la verga larga y gorda del anciano se empezaba a poner tan dura como una estaca y a soltar gran cantidad de líquido, creo que ni el viagra hubiera tenido el efecto proveniente de azotar a su amada nietecilla, en ese momento no pude resistir y me hinque delante de Anselmo y tome esa gran verga en la boca, no sin antes haberle subido el pellejo dando paso a un glande morado y cubierto de líquido pre seminal y otras cosas, pues inmediatamente sentí el olor a macho en brama. No tardó mucho en depositar una gran cantidad de esperma en mi boca que no me tragué, pues tenía otras intenciones para ese maná. Cuando terminó le hice una señal para que saliera del cuarto, tomé a María de la cabellera y con gran amor le quité la venda, tenía una cara bellísima, iluminada por la lujuria, llena de vida y satisfacción, tomé su cara y la besé en la boca depositándole el esperma de su abuelo, lo saboreo y me miró con cara de interrogación.

— ¿Qué fue eso que me escupiste en la boca?

¿Por qué lo preguntas, no te gustó?

–Me encantó se me hizo como afrodisiaco.

–Pues si es un afrodisiaco querida, fue un trago que di del aceite de tu abuelo.

¿El que hace con la leche del burro?

Precisamente, ja, ja.

Pues no se me había ocurrido probarlo, me daba un poco de asco, pero ahora se me hizo delicioso.

–Pues vas a probar más de esa leche de macho María, de toda clase de machos más pronto de lo que te imaginas…

¿Tú has tomado leche de varias clases Cris?

Mas de las que te imaginas, que ya te contaré. Ahora vamos a dormir, pero antes quiero decirte que dentro de dos días vendrán mis amigos Alfonso y Sebas, y me van a llevar a visitar unas ruinas mayas que están en un lugar que se llama Quiriguá o algo así, y después nos iremos de juerga a Puerto Barrios. Quiero que vengas conmigo María, ¿aceptas?

–Claro que sí, estoy feliz, gracias, Las ruinas son preciosas, ya las he visitado, pero casi no me acuerdo pues me llevaron cuando tenía como ocho años. Y Puerto Barrios es muy grande, aunque dicen que es peligroso para andar solas.

–No te preocupes que Anselmo y Sebas son buenos guardaespaldas y hasta donde sé tienen amigos en las mafias de esos lugares.

–En mi escuela me contaron que uno de los barrios extramuros de la ciudad hay lugares en donde presentan espectáculos de sexo en vivo.

Mmmm, esos lugares suelen ser muy divertidos ¿No te parece?

–Si ja, ja, y hay uno que me contaron, en donde una mulata muy bella hace de todo, hasta con animales.

–Pues todavía más interesante, le diré a Alfonso que nos lleve allí.

María me dio un beso y me dijo que era la mejor amiga, pero me dijo que estaba preocupada de que la dejara ir su abuelito, le dije que no había problema, pues adelantándome ya le había pedido su permiso. Saltó y me dio un gran beso. Esa noche no dormí pensando en las cosas que podría hacer con ella.

Al día siguiente me fui temprano a la playa para asolearme y descansar después de la noche tormentosa con María, estaba recostada cuando llegó el viejo Anselmo con un coco con ron, que acabó siendo mi bebida favorita. Y acercándose cariñosamente me dijo “Quiero darte las gracias, mi adorada niña, me hiciste muy feliz ayer”.

–Caray Don Anselmo, no hay motivo de dar gracias, usted sabe que lo hice con placer, y dígame, ¿le gustó mi regalito.?

–Hacía mucho tiempo que no me habían hecho un regalito así, Quiero decirte que desde que murió mi esposa y eso hace más de dos años, nunca había tocado a ninguna mujer, y además nunca me habían hecho ese tipo de caricias que me hiciste.

–¡Cómo!, ¿me quiere decir que ni su esposa le tocaba la flauta?

–No mi querida Cris, mi esposa era muy mojigata respecto al sexo, y únicamente hacíamos el amor en estilo misionero.

–Esto es una sorpresa para mí, Don Anselmo, tan rico es hacer mamadas como recibirlas.

–Y tu boca es maravillosa mi niña.

–Pues no será la última vez que reciba algo así de mí, se lo prometo, pero dígame ¿le gustó el cambio que está experimentando María?, porque es una alumna muy aplicada, y ya verá cómo va a regresar de nuestro viaje de mañana.

–me hace muy feliz que le estés enseñando.

Don Anselmo se retiró no sin antes darme un beso apasionado, que yo correspondí metiéndole toda mi lengua mientras le agarraba su paquete. Y le dije que esta noche recibiría una visita.

Después de un rato, llegó Antonio con una bandeja de ostiones frescos, y me dijo que me los mandaba su abuelo, y que estaban recién pescados.

–Esto es pura vitamina señorita Cris, y sirve para recargar las baterías.

–¿Recargar las baterías?

-Si, me dijo agarrándose el paquete y haciendo un gesto obsceno que me causó mucha gracia.

–Y dime Antonio, y tú ¿tienes las baterías recargadas?

–Siempre están cargadas, me respondió muy ufano.

A ver, déjame tocar que tan recargadas están, y le invite a sentarse, metiéndole la mano en su bragueta,

–Mmmm, veo que si está muy cargada la escopeta. Ja, ja, más tarde tendremos tiempo para que me lo demuestres ¿Vale?, por ahora quisiera que me mostraras algunos de los lugares que nos circundan, ¿Por dónde está el burro que ordeñan para hacer el aceite bronceador?

–Está pasando esa pequeña loma, no muy lejos, si quiere la llevo, Juan está con él.

–estupendo, andando, le dije—le agarré su mano y nos encaminamos al lugar que me indicó, cuando llegamos estaba efectivamente Juan, dándole el pienso al borrico. Y se puso muy contento de verme.

–Hola Juan, así que este es el burro que provee la materia prima del aceite, por lo que veo ya está casi listo para descargar.

–Siempre se pone así después de comer señorita.

Me acerqué y toqué el miembro del animal que ya empezaba a tomar unas dimensiones considerables, y le dije que, si podía enseñarme a ordeñarlo, los dos hermanos se miraron con cara de picardía y me dijeron que, con mucho gusto, que era muy fácil porque respondía rápidamente, se pusieron a atarle las patas, le pusieron un bozal y lo amarraron de un árbol.

–Hay que ponerlo así para que no vaya a hacerle daño, pues al ordeñarlo se pone a veces muy nervioso.

Yo me arrodillé debajo del burro a escasos centímetros de la verga del animal y empecé a meneársela, pero no respondía muy bien.

–Hay que hacerlo con más cariño señorita porque si no, no echará leche.

Les dije que tal vez si me ayudaba con la boca respondería más rápido, eso pareció excitarles de sobremanera, pues inmediatamente me contestaron casi al unísono que sería una gran idea, así que tomando el gran miembro del animal, me lo empecé a meter en la boca y mamarlo cual si fuera un hombre, los dos hermanos estaban como hipnotizados viéndome y no aguantaron más y sacándose sus vergas empezaron a meneársela viendo observando cómo, mis artes mamatorias estimulaban al borrico, en eso pegó un rebuzno y me lanzó un gran chorro de esperma en la boca. Acerqué una vasija que estaba cerca y vacié el resto que quedó después de haber tragado un buen tanto, los dos hermanos no cabían en su asombro por un espectáculo que nunca se imaginaron que iban a presenciar. Y les pregunté ¿Qué tal lo hice?

–Fantástico señorita, yo creo que así podíamos llenar dos frascos diarios.

–Bueno y ¿que les parece si la mezclamos con algo de leche de ustedes?

Así, me dirigí a Antonio, me hinqué y le bajé el pantalón apareciendo una hermosa verga de adolescente completamente mojada de su excitación, la vi largamente, admirando tanta belleza y me la metí completa en la boca, el pobre muchacho que yo creo que no descargaba sus huevos en un buen rato, no tardó ni diez segundos en echarme una larga descarga de leche directamente en mi garganta que casi me hace ahogarme. Cuando terminó, ya Juan se encontraba sin su pantalón y agarrándose su nabo de manera muy sensual esperando su turno, me acerqué y le dije, “Juan, pero que buen nabo tienes, está enorme, seguro quiere mi boquita para descargar ¿no crees? –

Si, si señorita, quiere su boquita.

Y tomándola la empecé a descapullar, pues tenía un prepucio muy grande y costaba trabajo subirlo por el tamaño del glande, cuando logré subir todo, me llegó un olor muy fuerte y algo raro.

-_Mmmm Juan, cómo huele, se nota que no te lo lavas hace un buen rato. Y entonces Antonio me dijo riéndose “Es que ayer estaba enculando al perro y ni se lo limpió, es muy cochino y se deja la pija llena de mierda, ja, ja”

–¿Es cierto, Juan?, dime, ¿es que tenías muchas ganas y tu única opción era un perro?

Juan me respondió avergonzado que si, pero que esperara y se lo iba a limpiar al rio.

Entonces le dije que no hacía falta y me lo metí todo en la boca hasta dejarla limpia y descargó también copiosamente en mi boca. Ya para entonces yo estaba que chorreaba y no iba a desperdiciar el tener a dos sementales como esos enfrente, así que desnudándome me tendí en el pastizal y abriendo las piernas les invité a follarme, no les dije dos veces, eran muy torpes en las artes amatorias, así que tuve que enseñarles diferentes posiciones, primero uno, luego el otro y después los dos juntos, Antonio se acostó boca arriba y yo me ensarté en su miembro dejando mi culo expuesto y le dije a Juan que si enculaba a los perros también podía encular a esta perra. Se corrieron tres veces cada uno y yo ya no conté el número de orgasmos que me provocaron.

Esa tarde llegó María y le dije que se preparara pues al día siguiente pasaban por nosotras bien temprano, y teníamos que dormir temprano, yo en realidad tenía otros planes esa noche.

Cuando María se quedó dormida salí sigilosamente y me aseguré que los dos hombrecitos estuvieran dormidos, entonces me dirigí al cuarto de Anselmo, estaba dormido en su cama, completamente desnudo, pues el calor era muy fuerte. Me metí sigilosamente en su cama y el dio un ligero salto cuando me sintió, –Shhh, le dije –No hagas ruido para que no despierten, él me tomó la cara y me besó apasionadamente. Yo le dije que esa vez me dejara a mi actuar, que él no hiciera nada, que quería darle placer y que eso sería mi placer, él trato de hablar, pero le puse un dedo en los labios y le dije ¿No quieres que cumpla mi deseo? El no tuvo más remedio que aceptar.

Empecé por acostarlo boca arriba y empecé a lamerlo desde la frente la cara susurrándole que se imaginara que mi lengua era le lengua de María, seguí mi trayectoria de ese cuerpo todo sudado lamiéndolo amorosamente, lamí sus sobacos sudados y luego baje por su estómago hasta llegar a su verga que ya tenía una gran erección, pero no estaba en mis planes que tuviera un orgasmo tan pronto, así que le dije que se volteara boca abajo y empecé con la misma operación pero comenzando con sus pies, chupando cada dedo cuidadosamente ascendiendo lentamente hasta llegar a su culo , le dije que se pusiera en cuatro y procedí a separar sus nalgas y lamerle el ojete, metiendo la lengua todo lo que podía en ese agujero oloroso, el gemía de placer. Entonces le dije que quería que me azotara, que ya había llevado conmigo el fuete con que azoté a María y que imaginara que yo era ella, me puse en cuatro y le di una vela que dije que me la metiera en el culo y luego me azotara. Así lo hizo hasta ponerme el culo marcado con franjas rojas, el viejo gozaba pues ya sabía de la noche anterior, que una de sus preferencias era azotar a su pareja, le dije que era suficiente, que me quitara la vela y la sustituyera con su verga, no espero nada en insertarme su enorme verga y soltarme una gran descarga de esperma en mis intestinos. Cayó rendido y me dijo que nunca en su vida había gozado tanto, me dio mucha ternura y le besé, le dije que cuando regresara del paseo con Alfonso y Sebas iba a gozar por partida doble, él lo entendió y se le iluminaron los ojos con mis palabras, me levanté diciéndole que iría dormir pues tenía que madrugar al día siguiente, pero que antes me acompañara a las letrinas porque me daba miedo salir en la noche, en realidad todavía faltaba algo más de mi plan. Cuando llegamos a las letrinas alumbrándonos por la vela, me senté a hacer un pis, Anselmo estaba frente a mi observando, cuando terminé, le tome de la mano y llegando a la ducha me puse en cuclillas y le dije que se acercara, que ahora quería que me orinara, él se quedó boquiabierto, le repetí, si Anselmo, quiero que me mees, quiero beber tus meados. Acercó su pene ya flácido y descargo su vejiga completamente en mi boca, después le besé y le di las buenas noches, y Anselmo después de darme las buenas noches me preguntó ¿y esto también le vas a enseñar a mi nieta?, le dije con si con un movimiento de cabeza, se despidió diciendo.” Eres una santa Cris, esto ha sido una bendición para este pobre viejo”.

Continuara…