Sin darme cuenta terminaría convirtiéndome en su sumisa, él haría de mi lo que quisiera y no podría hacer nada al respecto

Tras interminables horas de conversaciones por el chat y quedar a tomar un par de cafés, ambos decidieron que ya era el momento, ella era novata en esto de la sumisión y había leído todo aquello que había llegado a sus manos sobre el tema, había visitado cientos de páginas informándose de todo referente a protocolos, normas, relatos y vivencias de otras sumisas, pero todo aquello lo único que hacía era aumentar su morbo y excitación.

Estaba decidida y él había sido el elegido para iniciarla.

Desde el primer momento de esa primera conversación por el chat ella se mostraba ansiosa y el trataba de relajarla y convencerla de que las cosas se hacían poco a poco que ambos tenían que confiar y que todo debía ser hablado y consensuado desde el primer momento.

El había visto a muchas sumisas que llevadas por la ansiedad y las prisas habían quedado defraudadas en esa primera sesión y no habían vuelto más.

Llegó el día de la cita y para que ella se sintiese más relajada quería que fuese en un lugar tranquilo y que conociese, aunque él le había insistido ir a un hotel que sería como un lugar neutral ella se opuso y prefirió elegir como lugar de la primera cita su casa.

Faltaban diez minutos para la hora concretada y él se encontraba buscando sitio para aparcar cosa que logró al primero de los intentos.

Bajando del coche se dirigió andando al portal en el que ella residía sin prisas haciendo que corriese el tiempo, nunca llegaba tarde pero esta vez quería darle unos minutos más.

Mirando el teléfono confirmando que no había ningún mensaje de ella ni tampoco llamadas bajó el volumen para evitar distracciones que rompieran el momento.

Llegó al patio y pulsó el timbre esperando respuesta y simplemente se escucho el mecanismo de la puerta abriéndose, por lo que empujando la misma se dirigió al ascensor que se encontraba en la planta baja y pulsando el botón de la planta a la que se dirigía, este cerró las puertas y comenzó a subir.

El ascensor se detuvo y abriéndose las puerta el salió al descansillo y comprobó que efectivamente era la planta que correspondía a la vivienda y acercándose a la misma comprobó que estaba entreabierta.

Empujó la puerta suavemente mientras decía un “hola” y al abrirse allí estaba ella de pie tras la puerta, estaba impresionante, llevaba una falda de vuelo negra y una blusa blanca con algunos botones desabrochados por entre los cuales se distinguía parte del nacimiento de sus pechos y llevaba el pelo suelto, una melena castaña que le llegaba hasta los hombros perfectamente recortada.

Se le notaba muy nerviosa y el empujando la puerta la cerró mientras ella le hacía pasar al salón en el que se encontraba en la mesa del mismo una cantidad increíble de artilugios que ella poco a poco había ido comprando creyendo que todo eso haría falta para una sesión, había desde unas esposas, fustas de diferentes formas y tamaños, consoladores de diferentes tamaños, cuerdas de algodón y algunos pañuelos, todo un arsenal de aparatos.

Él sonriendo miraba todos y cada uno de los instrumentos allí expuestos mientras de reojo la observaba… seguía notándola visiblemente nerviosa.

Por fin se decidió y situándose delante de ella le hizo saber que esto no era así, que había que ir poco a poco que lo principal era la confianza y que ella disfrutase.

Cogiendo un pañuelo de la mesa le indicó que se colocase en el centro del salón de pie y que se relajase mientras le cubría los ojos con el pañuelo al mismo tiempo que le preguntaba si veía algo.

¿Ves algo? – Le preguntó –

ella ajustándose el pañuelo le respondió que no, que todo estaba oscuro.

Ahora relájate y disfruta del momento – le dijo suavemente al oído – al mismo tiempo que notaba que la piel de su cuello se erizaba

Acariciando sus hombros y su espalda mientras besaba su cuello muy sutilmente, empezó a notar como ella se dejaba llevar y relajaba su cuerpo…

Se colocó delante de ella y uno a uno muy lentamente fue desabrochando los botones de la blusa dejando a la vista un sujetador blanco con encajes que albergaban unos senos de tamaño mediano y unos pezones totalmente excitados que parecía que fuesen a atravesar la fina tela del sujetador.

Todo muy poco a poco mientras notaba como el ritmo de la respiración de ella se hacía cada vez más profundo haciendo que su pecho aun enfundado en ese sujetador se movía al ritmo de su respiración.

Retiro la blusa con sumo cuidado dejándola sobre el sofá y con las yemas de los dedos iba recorriendo la parte que había quedado desnuda desde el cuello rodeando sus pechos sin tocarlos y llegando hasta su ombligo.

Soltó el botón de su falda y bajando la cremallera resbaló por sus piernas hasta caer al suelo, le indicó que levantara un pie tras otro mientras el retiraba la pieza de ropa dejándola junto a la blusa…

Allí estaba ella semidesnuda simplemente cubierta por un blanco sujetador y un tanga del mismo tipo de encaje quieta de pie en el centro del salón con la respiración agitada y sin saber que hacer no lo que vendría después.

El tomo asiento en uno de los sillones del salón y mientras admiraba su figura sonreía…

¿Cómo estás? – Le preguntó –

un poco nerviosa al mismo tiempo que excitada y expectante de lo que vaya a ocurrir ahora mismo – respondió –

Se levantó del sillón y colocándose frente a ella pasó sus manos por su espalda desabrochando el sujetador y dejándolo caer suavemente, apareciendo ante él unos pechos desafiantes a la gravedad, ni grandes ni pequeños, un tamaño que a le parecía apeteciblemente perfecto.

Seguidamente sujetando el tanga de los lados comenzó a bajárselo muy despacio mientras ella suspiraba fuertemente dejándole ver un coño perfectamente depilado, le hizo levantar un pie y después el otro para por fin deshacerse totalmente del tanga.

Todo iba muy despacio y siempre teniendo en cuenta las reacciones de ella en cada movimiento… no quería que se pusiese nerviosa y todo se fuese al traste.

Una vez totalmente desnuda colocándose tras ella después de haber cogido una de las fustas de la mesa, se la fue pasando muy suavemente por todo el cuerpo, comentando por los hombros y bajando lentamente por los pechos rodeándolos sin llegar a tocar esos excitadísimos pezones hasta llegar a su coño, el cual rodeo sin tan siquiera rozarlo.

Ella cada vez estaba más excitada y su respiración más agitada.

¿Cómo estás? – le preguntó –

Ufff – resopló como única respuesta que ella dio –

El sonriendo le preguntó de nuevo como se sentía

Es una sensación extraña – respondió – es una mezcla de excitación y nervios, expectante ante lo que vaya a pasar.

Volvió a sentarse al sillón mientras le ordenaba que se quitara el pañuelo de los ojos.

Ella lentamente se deshizo del nudo al mismo tiempo que se frotaba los ojos y lo miraba de pie desde el centro del salón.

En ese momento fue como si cayese en la cuenta de que estaba totalmente desnuda y el totalmente vestido sentado en el sillón y como un acto reflejo intentó cubrir sus partes íntimas.

El rió por la situación al mismo tiempo que le ordenaba dejar los brazos caído paralelo al cuerpo prohibiéndole cubrirse mientras la examinaba desde su puesto atentamente.

Se levantó del sillón y dirigiéndose de nuevo a la mesa cogió un collar que había sobre ella y sentándose de nuevo en el sillón le ordeno ir hasta donde él estaba.

Al empezar a caminar, él le ordeno parar y mientras le informaba de que así no.

Ella miraba un tanto confundida sin saber lo que hacer ni que decir.

Eres una perra – le dijo el – mientras la miraba fijamente a los ojos.

¿Cómo andan las perras? – preguntó –

Ella comprendió y bajando los ojos comenzó a arrodillarse y a cuatro patas desnuda lentamente comenzó a andar hacia donde estaba su amo.

El admiraba sus movimientos, como sus pechos se movían como un péndulo colgante a cada paso de ella y decidió hacerle dar una pequeña vuelta a todo el salón para poder admirar la totalidad de su cuerpo.

Así pues ella se dedicó a dar vueltas por el salón como si de un perro se tratara visiblemente más relajada y muy metida en su papel.

Sentado en el sillón él sonreía al ver que ya se sentía cómoda y había perdido el miedo.

La llamó para que se acercara y cuando estaba a cuatro patas entre sus piernas le colocó un collar de cuero del que colgaba una correa y levantándose tiró de ella para que la acompañase a la habitación.

Una vez en la habitación le indicó que subiese y se tumbase boca arriba mientras cogiendo unos pañuelos comenzó a marrarle las muñecas al cabecero de la cama, los nudos estaban lo suficiente mente fuertes para que no se soltase pero sin apretar mucho con la intención de que ella no se agobiase ante tal situación.

Una vez amarradas las muñecas hizo lo mismo con los tobillos mientras le explicaba que con un ligero movimiento de muñeca ella podría soltarse si se asustaba.

Ella asintió con la cabeza sin dejar de mirarse los brazos atados y las piernas abiertas también atadas expuesta desnuda totalmente ante él.

Cogiendo una fusta comenzó a rozarla levemente por el cuello bajando hasta las tetas dándole unos pequeños y secos golpecitos a los que ella respondió cerrando los ojos y manteniendo la respiración.

Al notar que no sentía dolor y la sensación era nueva para ella se relajó nuevamente siguiendo con los ojos la trayectoria de la fusta mientras esta iba recorriendo todo su cuerpo acariciándola a la vez que recibía pequeños golpecitos que hacían que de su boca escapasen pequeños suspiros.

La excitación de ambos iba creciendo, ella al recibir esas caricias-golpecitos por todo el cuerpo y la de el viendo la respuesta que estaba obteniendo su paciencia.

Continuó recorriendo con la fusta su cuerpo con golpecitos al mismo tiempo que la excitación de ella iba subiendo poco a poco, se había formado una pequeña humedad en la sabana a la altura de su coño.

Al pasar la fusta por los pliegues de su coño los suspiros de ella fueron in crescendo, así que decidió seguir ahí por unos segundos más, pero en el momento que él iba a retirar la fusta ella intentaba cerrar las piernas como intentando retener el extremo de la fusta entre sus piernas.

Su respiración ya era agitada y las amarras se habían tensado debido al constante movimiento de sus brazos, por lo que decidió relajarla un poco y preguntarle como lo llevaba.

Es una sensación nueva – dijo ella – estoy a punto de correrme y no me has tocado aun, necesito correrme.

El tampoco aguantaba más sin tocarla, por lo que soltándole los nudos de sus extremidades le ordenó ponerse a cuatro patas sobre la cama…

Ella de inmediato se colocó a cuatro patas mientras girando la cabeza veía como él se desabrochaba el cinturón y bajándose los pantalones se colocó tras ella cogiéndola de la cadera con una mano mientras pasaba los dedos de la otra por su coño sacándolos totalmente mojados mientras ella suspiraba echando el culo hacia atrás con la intención de que no dejase de tocarla.

Se cogió la polla con la mano y se la fue pasando a lo largo de toda la raja de su coño mientras ella resoplaba y le suplicaba que se la metiese.

Ambos estaban disfrutando del momento y de la situación.

Acercándose desde atrás a su oído le preguntó si quería que se la metiese…

Ella resoplando y visiblemente excitada le pedia por favor que se la follase mientras apoyaba la cabeza en la almohada.

Está bien – dijo él – te follaré con una condición

Si por favor, lo que sea – respondió ella –

No te podrás correr hasta que yo te lo ordene – dijo –

Siiiii – gritó ella inclinando aun más su cuerpo para hacer contacto con esa ansida polla que estaba a punto de penetrarla.

Agarrándola con una mano del pelo y con la otra sujetando su polla el comenzó a introducírsela muy lentamente en su coño, su polla entraba muy suavemente por la cantidad de flujo que de ese coño ardiente salía.

Una vez se la hubo metido hasta el fondo se quedó quieto durante unos segundos mientras ella seguía reclamando que la follase fuerte, que se moviese.

Acercándose de nuevo a su oído, le informó que él era quien decidía como y cuando, que ella solo debería obedecer y acatar.

De acuerdo – dijo ella entre suspiros –

El empezó a moverse suavemente sacándola y volviéndola a meter hasta el fondo mientras con la mano seguia tirándole del pelo haciendo que ella levantase la cabeza en cada estirón.

Se lo estaba pasando en grande disfrutando del control de la follada, el llevaba el ritmo.

De repente ella empezó a gemir fuertemente al mismo tiempo que le decía que no podía aguantar mas, que se iba a correr, que necesitaba correrse

Se la metió hasta el fondo quedándose quieto mientras le recordaba que hasta que el no lo permitiese no podría correrse.

Por única respuesta recibió un sonoro suspiro que salió desde lo más hondo de su cuerpo.

Tras unos minutos taladrándola lentamente notando como ella apretaba fuertemente las sabanas con sus manos y viendo que seguramente ella no aguantaría mas paró de nuevo y le preguntó si quería correrse.

Ella con un hilo de voz que le salió de su garganta se lo pido por favor, que no podía aguantar más.

No queriendo prolongar más esta situación él empezó de nuevo a follarla fuertemente aumentando el ritmo de las embestidas al mismo tiempo que le propinaba sonoros azotes en cada una de las nalgas y en ese momento le dio permiso para correrse en cuanto quisiera.

Nada más escuchar ese permiso, ella comenzó a resoplar fuertemente al mismo tiempo que gritaba que se corría y su espalda se tensaba y se convulsionaba sin control, ella hundía la cabeza en la almohada intentando ahogar sus gritos de placer al mismo tiempo que el seguía con las embestidas.

Cuando se relajaba su cuerpo volvía de nuevo a convulsionarse al mismo tiempo que se escuchaba a través de la almohada gritos ahogados de que se corría de nuevo, que parase que no podía más…

El tampoco aguantaba más y en un par de empujones mas su polla empezó a escupir toda la leche acumulada produciéndole un orgasmo dejándolo apoyado sobre la espalda de ella que también intentaba recuperarse.

Ambos se dejaron caer boca arriba sobre la almohada resoplando y sin poder articular palabra.

Tras unos minutos relajados y recuperándose ella apoyando se giró hacia el y preguntándole por su comportamiento.

Esto ha sido una muy flojita aunque placentera sesión – respondió – pero te ha servido para tener confianza en mi además de perder esa vergüenza y ese pudor que tenias al mostrar tu cuerpo.

Poco a poco iremos avanzando hasta llegar a los límites que hemos prefijado – continuó diciendo –

Se levantaron ambos de la cama vistiéndose el con rapidez al darse cuenta de que se habían pasado un poco de la hora, estaba a punto de llegar su marido y ella tenía que arreglar toda la casa y esconder de nuevo todos los artilugios.

Lo acompaño a la puerta para despedirse totalmente desnuda ya sin vergüenza alguna quedando para enviarse mensajes con el fin de continuar esta nueva aventura.