Sin pensarlo terminé teniendo una experiencia completamente nueva, a pesar de ser hombre me sentí bien por tener una verga dura en mi culo

La fiesta de mi amigo Juan ya había acabado, yo estaba demasiado ebrio como para irme a mi casa así que opté por quedarme a dormir ahí, Juan me dijo que no había problema alguno. Le pregunté que en donde dormiría yo, me dijo que en su cama, con él, estaba demasiado ebrio, no le tomé importancia a eso. Ya en su cuarto vi como se quitó sus jeans, y se tumbó en su cama, yo hice lo mismo. Así estábamos dormidos hasta que en la madrugada sentí algo en mi nuca, era él, su respiración. Me sentí incómodo, eso era algo nuevo para mí. Me moví un poco para apartarme. Me dormí otra vez. No había pasado mucho tiempo y volví a sentir su respiración en la nuca pero esta vez ya no sentí incomodidad, sino que me agradaba pensar que lo tenía cerca. Así me quedé un buen rato, me gustaba. Después sentí la necesidad de tenerlo más cerca así que me pegué un poco más a él, pero no medí bien movimiento y mis nalgas quedaron pegadas a pene. Me puse frío, no sabía que hacer, “ojalá no se despierte, que va a pensar de mí” pensé. Pero no pasó así, el siguió dormido. Ya me iba a separa poco a poco de él cuando sentí algo en mis nalgas, él estaba teniendo una erección. Esa fue una sensación nueva para mí, nunca me había pasado alfo semejante a eso, me sentía cómodo, sentir algo duro en mis nalgas me gustaba. No sé por qué lo hice moví mis nalgas para sentir mejor su verga, pero al hacer yo esto lo desperté, ¿cómo lo super?, puso sus brazos alrededor mío, me puse frío, no sabía que hacer, traté de separar sus brazos pero el apretó más. “tranquilo” fue lo único que dijo. Empezó a mover su pelvis, me refregaba su verga en mis nalgas, es inexplicable aquella sensación, me gustaba, fue ahí cuando yo también moví mis caderas, estábamos con en una especie de coreografía, donde ambos hacíamos movimientos perfectamente sincronizados para embonar. Después de un largo rato de estar “moviéndonos” en cucharita, él me besó el cuello. Nunca olvidaré eso, me puse frío y caliente a la vez, sentí cada movimiento de sus labios, como devoraban cada milímetro de mi piel. Mi piel que se derretía y reconstruía a la vez. Fue en este momento cuando dejó de apretarme con sus brazos, en cambio poco a poco los fue metiendo por debajo de mi camiseta sin déjame de besar el cuello. Me tocó el pecho. Sentí como depositó sus calientes manos en mi frío y pequeños pechos, como los apretaba sin fuerza, como jugaba en círculos con mis tetas. Fue ahí cuando noté que empezó a mover su pelvis de una manera más rápida. Me levantó la camiseta, yo por un momento quise impedir eso pero me besó más suavemente le cuello y cedí. Poco a poco fue bajando, ya no era mi cuello lo que besaba sino mi espalda, cada movimiento de sus labios me deshacía, me quemaba, así bajó hasta quitarme el bóxer estarme besando mis nalgas, yo quería explotar, nunca había sentido algo semejante a eso, con sus manos empezó a tocar mis piernas, yo no hacía nada, estaba sumisa ante él. Después sus bezos abandonaron mis nalgas y volvieron a mi cuello pero sus manos fueron a otro lugar. Me di cuenta que yo no tenía una erección hasta que Juan tocó mi pequeño pene, me bajó el prepucio y empezó a masturbarme, yo ya estaba super mojado. Fue entonces cuando el hizo un movimiento rápido, dejamos de estar de cuchara y ahora estábamos en misionero, el solo me miraba fijamente, sus grandes ojos cafés me derretían, penetraban hasta lo más profundo de mí, fue ahí cuando nos besamos. Nuestras bocas de fundieron en una solo, queríamos comernos cada centímetro de nuestros labios, el movía su pene contra el mío, así estuvimos un rato hasta que con su fuerza me volvió a voltear, me dijo “levanta las nalgas”, lo hice, era de él, no me oponía a nada que dijera. Levante mis nalgas, las separo con sus manos. Sumergió su boca hasta que senté su lengua presionar mi ano, la movía de arriba hacia abajo, de un lado hacía otro, yo me quemaba, mi cuerpo temblaba, nunca había sentido algo así, quería quedarme para siempre así. Después de un rato de comerme el culo retiró su boca. Yo desperté del trance en que estaba. Poco a poco sentí como posicionaba su pene sobre mi ano. Lo empujó poco a poco, mi ano virgen oponía resistencia pero cedió. Senté cada milímetro de su verga entrar en mí, ese calor que estaba dentro mi cuerpo. Cuando estaba toda su verga dentro mío ahí la dejó un rato, quizá la excitación era tal que no sentí dolor alguno, me gustaba tener su carne adentro. Empezó a mover su pelvis de un lado a otro, disfruté cada movimiento, el tiempo se detenía, yo quería explotar. Sacó su verga completamente y la volvió a meter, así estuvo mucho tiempo, me tomo de las caderas pues ya no me podía sostener, yo estaba disfrutando todo, cada que me la metía sentía que el mundo se acababa el mundo, llegó el punto en sus movimientos se aceleraron, el gemía intensamente, yo más. Aceleraba y aceleraba más, sus manos me apretaban, mis brazos ya no me podían sostener, mi ano quería explotar. Aquellos movimientos acelerados fueron interrumpidos con un líquido caliente de mí, el explotó en mí, me llenó todo el culo de su caliente leche. Poco a poco se separó de mí, yo sentía mi culo lleno de él. Me volvió a voltear y nos empezamos a besar. El día llegó y tría consigo muchas dudas y decisiones.

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