Tuve que compartir la habitación con mi primo, lo vi haciéndose varias pajas y eso despertó algo en mí que me hizo abusar de mi inocente primito

Resulta que en verano mi familia alquila una casa para pasar unas semanas allí. Vienen mis abuelos, mis tíos por parte de madre, mi prima , mi primo de 12 (hermanos), mis padres y mi hermano .

En la casa, mi primo, que se llama Hugo, y yo tuvimos que compartir habitación. Él es gordito y más bajito que yo, pero no mucho. Pesamos más o menos lo mismo. Yo soy delgado y moreno. Siempre no hemos llevado bien y hemos jugado por lo que no me importaba compartir habitación con él. Yo como era el mayor, siempre le mandaba cosas, pero él no solía contrariarme.

La habitación era pequeña y las dos camas tenían que estar juntas. Los primeros días fueron normal, pero una noche me desperté por un ruido. Sin moverme de donde estaba me paré a escuchar, era un ruido rítmico. Ya había escuchado ese ruido antes ya que era el de una paja y yo me hago a menudo, aunque aquella vez llevaba ya dos semanas sin poder y tenía muchas erecciones al día. El caso es que abrí los ojos y vi a mi primo masturbándose. Estaba destapado y con los pantalones del pijama bajados hasta la rodilla y de lado, dándome la espalda. En aquel momento me excite y tuve una erección que me producía hasta dolor, estaba como una piedra (mi pene mide unos 12 cm erecto).

Estábamos al lado uno del otro, y yo haciéndome el dormido puse mi brazo por encima suyo hasta tocarle la barriga. Se quedo paralizado, paso un rato y como no me movía dio por sentado que aun seguía dormido. Realmente no sé porque hice eso pero quería probar.

Lo que hizo a continuación me sorprendió muchísimo. Agarro mi mano y la llevo hasta su pene. Para tener doce años era del mismo tamaño que el mío o más. Utilizó mi mano para masturbarse. Estuvo así por unos 10 minutos hasta que se corrió en mi mano, dejando ir unos gemiditos suaves. Su semen era poco y muy liquido, lo que me daba a entender que se masturbaba bastante a menudo. A mi aun me duraba la dolorosa erección. A continuación, suspiro aliviado y quitó mi brazo de encima suyo, dejando mi mano llena de su semen.

Al cabo de un rato en el que parecía que ya se había dormido, acerqué mi mano con su semen a mi boca y lo probé un poco. Era salado, pero no me desagradaba del todo y como no quería limpiármelo en mi pijama o en la cama, decidí comérmelo todo. Relamí mi mano hasta dejarla limpita y al rato me dormí. Realmente eso me excitó, supongo que por el morbo, pero lo de comerme su semen para no mancharme fue la primera excusa que se me ocurrió entonces.

Al día siguiente actué como si no supiera nada de lo ocurrido anoche y mi primo hizo lo mismo. Una vez anocheció la escena se repitió. Mi primo estaba masturbándose y yo me hacia el dormido. Pero esta vez decidí preguntarle susurrando:

– Hugo, ¿qué haces?

Estuvo un rato callado y me contesto:

– Nada que me pica la pierna. Me ha picado un mosquito.

– Te estás tocando?- le dije yo.

Pasaron unos segundos de silencio.

-Bueno sí, me estoy haciendo una paja.

Que me lo dijera así sin más me paralizo un rato, pero por obra de mi excitación y que no había eyaculado hacía más de dos semanas le pregunte:

– ¿Puedo ver como la tienes de grande?

Él me contestó:

– Vale, si quieres…

Se puso de rodillas en la cama con la espalda recta y debajo de su gran barriga vi su enorme pene, debía medir unos 17 cm y era bastante grueso, mas grande que el mío y eso que le sacaba 4 años. Le dije fingiendo naturalidad:

– Buaa que grande lo tienes, como has crecido eh Huguito.

Y él me dijo:

– Si… ¿Me enseñas el tuyo?

Yo me lo pensé un rato, pero al final de perdidos al rio y me puse de rodillas como él y se lo enseñe. Debían de encontrarse ambo penes a unos cm de distancia, así se veía mucho más la diferencia de tamaño. El asombrado me dijo:

– Alaa sí que la tienes pequeña hahaha.

– No te pases haha- le conteste yo con cierta vergüenza.- se siente bien cuando te masturbas eh.

– Sí, me lo paso muy bien haciéndome pajas.

Queriendo ir al siguiente nivel le dije:

– Si quieres nos podemos hacer pajas juntos, es más divertido en serio.

– Vale, yo ya estoy listo- En aquel momento empezó a masturbarse enfrente mío. Se me puso durísima en un momento y empecé a masturbarme también.

Al cabo de unos minutos le dije:

– Hay una manera para sentirse aun mejor con las pajas.

– ¿Cuál?- me preguntó.

– Que uno se la haga al otro- Él en aquel momento puso una cara rara pero aceptó.

Cuidadosamente puse mi mano en su gran verga. Estaba húmeda. Él a su vez agarró mi polla con su mano de una manera más brusca, cosa que me hizo dar un pequeño saltito. Su mano, algo rechoncha, abarcaba toda la longitud de mi pene, mientras que la mía, más delgada, solo abarcaba la mitad del suyo. Nos empezamos a masturbar el uno al otro. Yo tenía que hacer mucho esfuerzo para abarcar toda su polla. Él en cambio me la apretaba e iba muy rápido.

Me hizo gemir del placer y me preguntó que qué hacía y le respondí que es que lo hacía muy bien. Mi primito aceleró el ritmo, yo del placer no pude continuar haciéndole la paja. El orgasmo tan anhelado se acercaba. Al final me corrí muy abundantemente en su mano y en el proceso no pude evitar encogerme. Cuando ya había acabado le mire a la cara, parecía enfadado, me dijo:

– ¿Por qué lo has hecho? Deberías haberme avisado. Ahora límpiame la mano que me da asco.

– Lo siento, no me dio tiempo a avisarte. No hay nada con que limpiarte.

En el momento pensé en como la noche anterior el había hecho los mismo conmigo pero no quise sacar el tema. Al final solo se me ocurrió una idea, comerme mi propia corrida en la mano de mi primito. Había mucha cantidad, era espesa y estaba empezando a gotear. Rápidamente para que no cayera más semen encima de la cama le agarré con ambas manos del antebrazo y le empecé a lamer la mano y a sorber todo el semen aun caliente. Era la mayor corrida que había echado en mi vida y debía comérmela toda. Acabé y le lamí toda la mano para dejarla bien limpia. Le chupe hasta los dedos, un poco rechonchos. Hugo me dijo:

– Ha goteado en mi cama, límpiala- me agarró con ambas manos de la cabeza y con una fuerza que no me esperaba me puso la cara contra el colchón. – Venga, déjala bien limpia como mi mano.

Me tenia totalmente sometido y no tuve más remedio que lamer el semen de las sabanas y el colchón. Cuando ya acabamos le dije:

– Siento lo que he hecho- y se me ocurrió una idea- para compensarte, ya que aun no te has corrido, podría hacerte una mamada. Sabes lo que es?

– Pues claro que se lo que es, no soy tonto.

– No he dicho que lo seas, venga deja que me acerque.

Aun estábamos los dos de rodillas en la cama y le indique que se pusiese de pie en el suelo, yo me arrodille ante él y pude contemplar su enorme pene. Desde esta perspectiva podía contemplar sus enormes huevos, aun con poco pelo. Le empecé a lamer la punta y se estremeció. Después me decidí a metérmelo en la boca. Era la primera vez que tenía una experiencia sexual, ni siquiera había besado a nadie. No pude ni meterme la mitad en la boca pero Hugo ya empezó a gemir. Mi visión se reducía a ver su barriga y un poco la cara. Entonces me puso sus manos en la cabeza y me metió su polla hasta la garganta muy bruscamente. Le entraron 3 cuartas partes de su pene en mi boca. Se me saltaron las lagrimas, me vino una arcada que no sé ni cómo pude parar. Le agarré las nalgas con las manos. Sentía miedo, ya que estaba a merced de mi excitado primo de 12 años. Pero para sorpresa mía se me había puesto dura de nuevo.

Él continuó embistiéndome unos minutos hasta que dijo:

– Primito, sabes una cosa? Ahora eres mi putita- lo dijo de una manera brusca, no lo reconocía- Aaaah, me voy a correr en tu boquita. Trágatelo todo.

Las embestidas se aceleraron y yo le agarré más fuerte del culo hasta que sentí la primera descarga de su espesa y caliente lechita.

– Así es, primito, ordéñame y bebe mi lechita que he hecho especialmente para ti.

Después vino la segunda descarga, menos abundante que la anterior, pero que me pilló desprevenido y me hizo sacar parte de su semen por la nariz. Él no me soltó en ningún momento así que a partir de allí tuve que aguantar la respiración porque tenía la nariz y la boca obstruidas. Después vino la tercera y la cuarta y por último la quinta fueron unas gotas. Me estaba asfixiando, estaba rojo, pero seguía sin soltarme. Me salía semen por la nariz, aun tenía su polla en mi boca y tenia los mofletes llenos de su semen.

– Primito, no te voy a dejar hasta que te lo tragues todo.

En un último esfuerzo me tragué todo el semen que tenía en la boca y por fin me soltó. Me saqué su pene de mi boca rapidísimo y me tiré al suelo para dar bocanadas de aire. El corazón me iba a mil pero en ningún momento la erección había desaparecido de mi entrepierna.

– Primito, aun tienes semen sin tragar- dijo en tono amenazante refiriéndose al que tenía en la nariz.

Rápidamente me lo tragué todo para que no hubieran represalias y él sonrió de una manera que no me gustó nada.

– Bueno, ya hemos acabado, no?- dije yo inocentemente.

– No, aun la tengo dura y parece que tu también- y señaló a mi erección.

– Nos hacemos otra paja?- dije yo aunque ya tenía en mente lo que quería hacerme.

– No. Se bueno y ponte a cuatro patas, quiero probar una cosa.

Yo me negué, pero estaba tan cansado que no podía oponerme. Me puso él a cuatro patas. Al final, preparándome para lo inevitable, cogí mi almohada y me la puse en la boca para no hacer ruido.

Él se arrodilló detrás mío y se escupió en la punta de su gran polla. Yo estaba paralizado de ver cuánto sabia y como actuaba el que había parecido ser hasta ahora mi inocente primito. Me frotó con su punta el ano y al final me la empezó a meter. Cuando iba por la mitad creía que no iba a entrar más, se me saltaban las lagrimas, apretaba los dientes contra la almohada. Cuando sus 18 cm estaban en mi culo me preguntó:

– ¿Quién es mi perra sumisa?

Sabiendo que no me quedaba otra le respondí aun con la almohada en la boca:

– Yo.

Me la sacó de golpe y tan rápido como salió, volvió a entrar. Me dolía muchísimo. Me preguntó:

– ¿Quién me va a vaciar las bolas cuando yo quiera?

– Yo.

Otra embestida.

– ¿Quién me va a limpiar la polla cuando la tenga sucia?

– Yo.

Un par de embestidas más.

– ¿Quién me la va a chupar hasta el fondo todos los días?

– Yo.

Entonces empezó a embestir muy rápido. Me empecé a sentir bien. Cuando yo estaba por correrme, dijo:

– Recibe mi leche, puta.

Nos corrimos a la vez. Él en mi culo, soltó poca cantidad, yo solté un gran chorro contra el suelo. Lo había disfrutado muchísimo. Entonces me la sacó y dijo:

– Primo, límpiamela.

Su polla tenia aun semen y suciedad de mi culo. Sabiendo que no me quedaba otra empecé a chupar. Sabia fatal, era muy asqueroso. Cuando por fin acabe se metió en su cama y se puso a dormir. A mí me goteó semen del culo durante toda la noche y no se me iba el dolor.

Han pasado dos semanas desde aquello, y desde entonces he tenido que ir a ver a mi primo a su casa y él ha venido a la mía para que le hiciese mamadas y que me la metiera. Mis padres y tíos están muy contentos de que seamos tan amigos, claro que ellos no conocen la verdad. Cada vez tengo más miedo de mi primo y a la vez cada vez que estamos juntos me siento más excitado. Noto como cada vez pongo menos resistencia, puede que al final sí que sea su perra fiel y sumisa…