Una madre empieza una relación sexual con su hijo que la buscaba sin parar hasta que consiguió lo que tanto quería, un amor filial

Desde siempre he sido un exibicionista. De hecho cuando tenia 18 aprovechaba cualquier ocasión para mostrar mis atributos a mi madre, dormia desnudo y cuando notaba que ella entraba en mi dormitorio desplazaba ligeramente las sábanas, o despues de ducharme salia con una toalla y cuando pasaba en frente de mi madre, dejaba que se abriera o incluso que cayera al suelo.

Así las cosas, una mañana mi madre entró en mi cuarto y se sentó encima la cama. Estaba conpugida porque su relación con mi padre no funcionaba bien y se avecinaba un divorcio.

Yo me hice el dormido pero con un movimiento disimulado desplacé la sábana un poco. Ella me acarició el pelo maternalmente.

Al notar sus caricias me moví un poco y abrí los ojos.

– ¿pasa algo mamá? – pregunté

– Hay mi niño… estoy bien. Hemos discutido un papa…. solo estoy un poco….

– ¿porque no lo dejas de una vez? – respondí yo. Mi relación con mi padre era muy mala, no solo por el complejo d’Edipo que me hace competir por Mama, sino porque su rigidez le convierte en un dictador hogareño.

– no digas tonterias – contesto ella pero sin convicción

Mientras hablabamos ella siguio acariciandome el pelo y yo aproveche para colocar mi cabeza sobre su regazo. Teniendo en cuenta que solo vestia un camisón de seda era una posición muy agradable.

Al hacerlo, desplacé la sábana lo suficiente como para que mi pene, ya erecto, quedara al descubierto.

– Raúl – exclamó ella – tapate.

Me moví un poco pero no lo suficiente para taparme.

– Tiene gracia…. – sentenció mi madre dejando la frase inacabada.

– ¿el qué?

– Nada…

– Venga dime… ¿que tiene gracia? – insisti

– no no. Olvidalo… no he dicho nada

– Venga mama, ya lo has empezado… no puedes hecharte atrás.

Se lo pensó unos largos segundos y al final dijo.

– Mira, tu padre y tu no os pareceis en nada, soys completamente distintos. Incluso papa llegó a dudar que fueras hijo suyo… pero no cabe duda que… eso…. has heredado su…

-¿que he heredado? – pregunté intuyendo que su respuesta seria intetesante.

– Dios que verguenza… su pene.

Permaneció en silencio unos minutos mirandome el pene que yo, aprovechando el momento lo dejé completamente a la vista.

Mi madre continuaba acariciándome distraida el pelo, pero yo ya no podia quedarme parado, me giré un poco, suficiente para poder acariciar su pecho por encima del camisón.

– No… para…. no hagas eso… no esta bien

Pero no me detuve… al contrario bajé mi mana hasta su pierna, y metiendola por debajo del camisón empecé a subir hasta agarrarle con fuerza su teta izquierda.

– No Raúl…. no….

A pesar de pedir que me detuviera se dejó caer de espaldas sobre la cama permitiéndome poner encima suyo.

Tenia una pierna entre sus piernas, de modo que notaba perfectamente el calor de su sexo y mi pene quedaba sobre su pierna derecha de modo que podia notarla en toda su extensión.

Ya estirado encima de ella, le levanté el camisón dejándola desnuda ante mis ojos y con las manos acariciaba sus enormes tetas. Entonces acerque mi boca y empecé a lamerlas centrandome en sus mugrones grandes y redondos.

Finalmente no pude aguantar más, me puse entre sus piernas y lamí su sexo humedo.

– Ooohhhhh Raúl ….. para…. uummmmmm no esta…. ohhhhh bien….

Pero su cuepo decia todo lo contrario y abrió sus piernas dejándome via libre para que le metiera mi polla.

Lo hice poco a poco, jugando con su deseo y necesidad de sentirse llena. La metia un poco y la retiraba… luego un poco más y volvia a retirarla… para finalmente clavarsela hasta el fondo con un violento empujón que le arrando un grito de placer.

Mi pene de 20 cm taladró incansable el lubricado coño de mi madre hasta que en un ruidoso orgasmo se corrió a la vez que yo le llenaba el coño con mi leche caliente.

Aquel mismo dia se consumó la separación de mis padres y poco despues se divorciaron, así que por fin, yo pude quedarme solo, con mi madre.

Peró lo que sucedió después es una larga historia, de placer, sexo y perversiones. Habíamos abierto la caja de Pandora… pero esto, amigos, ya es otra historia.

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